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Sordillos

 Recuerdos y añoranzas de un cura jubilado 

Libro de Baldomero Martínez Gallego (1908 - 1991), publicado en 1984.

Baldomero, nacido en Sordillos, se jubiló en 1978.
Este libro es una rareza excepcional relatada en primera persona, llena de vivencias y anécdotas.

Por su interés para Sordillos, para Sandoval de la Reina y para la comarca, al recoger costumbres y formas de vivir de este territorio, algo de historia y formas de hablar, recogemos en nuestro sitio, adaptado, un extracto del libro.

También obra de Baldomero Martínez, se publicó en 1966 el libro Historia, leyenda y costumbres de la villa de Isar.

      

ISBN 13: 978-84-7239-155-0 ISBN 10: 84-7239-155-8   (índice del libro)     

 

Niñez

A principios del siglo XX la población de aquellos pueblos era exuberante y había hombres y mujeres de todas las edades. Hoy los pueblos son esqueleto de lo que fueron.

La pobreza con que se vivía entonces era tan grande, como no se pueden dar cuenta los de la época actual. El único ingreso que tenían los pueblos era una agricultura pobrísima, explotada muy rudimentariamente, con una producción bajísima, rebajada, un año sí y otro también, por las heladas y pedriscos. Vi escenas terribles de padres que lloraban amargamente al ver caer los granizos, a veces mayores que nueces. Hubo años en los que no se llegó a recolectar ni 100 fanegas de trigo. Su valor era irrisorio: 52 reales la fanega del trigo.

Los abonos minerales no eran caros, pero sí de ínfima calidad, y muchas veces adulterados, por lo que apenas se distinguían los frutos que tenían mineral de los que no lo tenían.

Los gastos se pagaban en septiembre y, a veces, los fiadores se equivocaban, a veces a su favor. Se pagaba en grano. El aceite que llevaban por las casas los aceiteros se pagaba con huevos.
Los gastos del herrero, del carpintero, del albañil, del sastre y el vino cuando se helaban las viñas, etc., se pagaban en septiembre.
En este mes quedaban las trojes vacías. Se separaba la simiente del trigo que había que llevar al molino para hacer la harina del pan para el año y para pagar la renta, los que la tenían. Para pagar las deudas, muchos años no quedaba nada y a los que pasaban tres años sin terminar de pagar la deuda, los fiadores les exigían una finca, que les compraban, para cobrarse. Otros acudían a los usureros, que además de cobrarles un interés muy elevado, les hipotecaban las fincas y en la hipoteca les ponían una trampa, para quedarse con ellas; sucedió varias veces, pues los deudores no se daban cuenta de la trampa hasta que ya no tenía remedio. En el pueblo de Iglesias hubo un especialista en estas trampas, que se enriqueció con este método.

 

El tío Chirín

Fue guarda de Sordillos. Su hija dice que muchas noches se iban a la cama con la sola cena de unas sopas de aceite. Sus hijas iban a escavar cuando alguien les llamaba.
Cuando daba un bando, con el tambor, toda la chiquillería le íbamos a acompañar, en medio de una gran alegría, saltando y bailando delante de él.
Entonces había más hermandad entre todos. Era corriente ayudarse unos a otros, sobre todo en verano; el que primero terminaba la parva iba con la pareja y el trillo a ayudar a alguno que no había terminado, especialmente si aparecía una nube con amenaza de lluvia.

 

Los veladeros

Los veladeros de invierno eran otro signo de hermandad; desde primeros de noviembre hasta primeros de marzo se tenía escuela nocturna, a la que asistían todos los mozos y, a veces, algún casado. Había varias casas en las que se reunían cuatro o seis familias. Primero se rezaba el rosario, durante el cual las mujeres no interrumpían su labor de coser, tejer o hilar la lana.
Terminado el rosario, los hombres hablaban de sus trabajos, del tiempo, etc. Los chiquillos hacíamos nuestro aparte, pasándolo a lo grande. Los domingos teníamos partidas de julepe o de lotería, que hoy llaman bingo.
En las fiestas de Navidad, cuando había dos fiestas seguidas jugábamos una chocolatada, y la sesión se prolongaba hasta la una.

 

El tío Cantanovias

Este pastor era célebre. Cuando al anochecer venía con las ovejas, juntaba el dedo pulgar y el índice de la mano derecha, lo introducía en la boca y producía un sonido fuerte y largo como el pitido de un tren, para que los amos saliesen a cerrar las ovejas.
Todos los días fumaba una cajetilla de tabaco picado de 0,30 pts. Al llegar a casa, tenía que salir todos los días su mujer Pautila a dársela; si no lo hacía, se ponía de mala "chimenea".

 

La señora Amalia

Era una señora viejuca que ayudaba gratuitamente a todo el que podía, velar a un enfermo, cuidar a niños porque sus madres tenían que hacer, despertar a alguien para ir al coche de línea (entonces no había línea de viajeros más que en los grandes pueblos).

Al ir a recibir yo las Órdenes Menores, ya no se le pudo convencer para que me siguiera tratando de tú. Además, en mis vacaciones, me dijo que guardaba una botella de "tostadillo" para mi cantamisa.

 

La tía Petoldo

Vivía en Villamayor, a 1 km de Sordillos. Se gustaba pescar con "remanga" y en Sordillos había un sitio muy bueno para pescar con ese aparejo.

 

Diversiones

Los domingos y festivos las casadas jóvenes eran las primeras en preparar la partida de bolos. Nueve bolos y el "miche" o "cura" separado a la izquierda. Tirar el miche junto con algún bolo valía 5 veces más. Las que lo tiraban bailaban con gran jolgorio. Se jugaba por equipos y jugaban dos partidas o tres si empataban en las dos primeras.

Las mozas se juntaban en una casa y jugaban a la brisca o al julepe. Si hacía bueno jugaban a la puerta.

Los mozos y algún casado joven jugaban a la chana, cuerno o calba, de las tres maneras se llamaba. Colocaban dos cuernos de buey, plantados a quince o veinte metros de distancia el uno del otro, y tiraban con piedras en forma de rodillo, de dos o tres kilos de peso; si daban al cuerno sin tocar la tierra, era "calva" y valía más; si le daban después de tocar tierra o no le daban, entonces era "piedra", y la más próxima al cuerno era la que valía.

Cuando los mozos terminaban la segunda o tercera partida ya las mozas habían terminado las suyas, y todos se reunían en la solana para empezar el baile de pandereta y canto, hasta la puesta del sol.

Los chiquillos, al salir del rosario, soltaban a pacer los ganados de labranza, las mulas, con una traba que enganchaba la pata de atrás con la de  delante, para que no pudieran correr, los bueyes sueltos.

En primavera abundan los caracoles, los ricos cangrejos y barbos en el río y las setas de cardillo en las praderas. En el centro de la pradera grande se preparaban los hoyos para el juego de la "cancha": en el centro uno, y alrededor de él, a metro y medio de distancia, se hacen tantos hoyos como jugadores menos uno, que es el que lleva la cancha, piedra redonda del tamaño de un huevo. El que llevaba la cancha la daba con un palo, para meterla en el hoyo del centro; todos impedían que la metiera dando con su palo a la piedra, pero el que intentaba darla tenía que abandonar su hoyo, y cuando volvía se encontraba con otro que lo había ocupado, y se armaba un revuelo, del que se aprovechaba el que corría la cancha para coger hoyo. Esto producía mucha risa, pues a veces se movilizaban todos cambiando de lugar. Era un juego muy infantil y nos reíamos mucho. A la puesta del sol, a casa, a merendar un trozo de pan, que algunos acompañaban con un trozo de pimiento, cebolla o queso.

Los chicos de catorce a dieciséis años jugaban a la tuta. Los hombres ya mayores iban a ver jugar a la chana o a la tuta. y algunos formaban grupo para jugar al mus en alguna casa.

Nunca, o casi nunca, hubo taberna en el pueblo. Era pequeño, y casi todos tenían vino en sus bodegas, de la propia cosecha. El vino era de pocos grados, pero de un sabor muy agradable, sobre todo si estaba fresco y recién sacado de la cuba.

 

Los Avendaño

¡Carafe!, exclamó uno al ver a su hermano en una situación un poco embarazosa.
Iba a dar dos toques fuertes a la bodega al jarro de Astudillo [cerámica tradicional de ese pueblo].

En este documento se define el jarro de Astudillo como pieza de base ancha, no tanto como el de Palencia capital, cuello estrecho y boca abierta con un pico valientemente trazado, que se utiliza para contener y servir vino. El componente básico es la arcilla blanca y presenta juaguete (sic) y vidriado hasta mediado el objeto.

 

Calducho

Entre los recuerdos gratos de mi infancia entra la matanza del cerdo. Se solía comprar en la feria del Pilar de Villadiego, de media cría; se hacía engorde intensivo, para matarlo en febrero. Había quienes mataban un cerdo entre dos, era el alimento para todo el año; otros, ni eso.

Pero el día más importante era cuando se cocían las morcillas. El caldo en que se cocían, o calducho, se repartía entre todo el pueblo. A los pastores y guarda de campo se les daba una olla grande, para que tuvieran para varios días, y una morcilla. Este reparto se hacía por la tarde, al salir de la escuela. Todos los chiquillos íbamos a por una cazuela y una cuchara con sopas de pan, así el calducho estaba mucho más rico.

 

Las vendimias

Era los días más simpáticos de todo el año. Solía durar una semana el vendimiar, pisar y prensar. Eran días de vacaciones. Si hacía sol, la alegría era desbordante: el tintineo de las esquilas de las mulas, el cántico de los vendimiadores, el trabajo de la vendimia -que no se consideraba pesado-, el mosto, la prensa y el encubado del vino...

¿Por qué habrán desaparecido las viñas?

Con ellas han desaparecido los frutales. Antes, el mes de octubre era el más simpático del año. Cuando terminaban todos de vendimiar, el alguacil tocaba un esquilón de la torre para que saliera de rebusca todo el que quisiera: los niños los primeros, armados de cestas y navajas para cortar los racimos..., los pastores. Ya sabíamos dónde dejaban más racimos que en otros majuelos. Íbamos varios días y, los años en que las viñas tenían mucha hoja, se encontraban más racimos. Los tendíamos en el trigo o en la cebada y, si en una casa éramos varios hermanos, cada uno hacía su aparte, y los apartes se respetaban como cosa sagrada. Como eran de nuestra propiedad, los comíamos cuando queríamos; nos duraban más de un mes. Terminada de vendimiar la viña, se recogían las "chistas " -eran unas hierbas altas y fuertes, que ardían muy bien- para "chamuscar" el chino, ya muerto.

 

Tostadillo

Era un vino generoso muy rico, podía competir con los de mucha categoría. Se hacía de la siguiente manera. Las antevísperas de las vendimias, las mujeres de cada casa iban a las viñas para recoger los racimos más selectos. Los extendían en el desván y, en Navidad o enero, cuando ya eran pasas, se llevaban a la prensa. El mosto se echaba en cubitas pequeñas de roble, bien envinadas, que había que rellenar de tiempo en tiempo. Había que esperar de tres a cinco años para que adquiriese el color dorado y el sabor tan agradable.

Hasta hace unos cincuenta años se vendimiaba siempre del quince al veinte de septiembre; ahora hay que hacerlo un mes más tarde y, si en septiembre u octubre no hace calor, no maduran. No sabemos por qué motivo se han ido quitando las viñas, no sólo de esta provincia sino también de Palencia y León. Y al quitar las viñas, se quitaron los frutales.

 

El primer automóvil – La radio – Los aviones

Debió de ser por los años 1911 ó 1912. No habíamos visto aún ningún automóvil. Nos anunciaron que iba a pasar uno por la carretera, el primero para viajeros. Los chiquillos, cuando nos dijeron que no tenía caballos no lo creíamos, pues no nos explicábamos cómo podría andar sin ellos, los llevaría metidos dentro.

Era uno de los primeros días del año cuando nos dijeron que pasaría a las ocho de la mañana. Estuvimos toda la noche jugando para no dormirnos y, un poco antes de las ocho, ya estábamos en la carretera. La víspera, habíamos colocado en la carretera una hilera de piedrecitas, para comprobar a la mañana siguiente si había pasado o no. No, no había pasado, pues no había ninguna piedra desviada. Por fin, llegó. Todo nuestro afán era mirar las patas de los caballos; no nos explicábamos cómo podía ser aquello.

Creo que empezó a hacer servicio de Villadiego a Burgos. La gente, en principio, no se atrevía a montar en él por la velocidad tan tremenda que llevaba, 20 km/hora.
Podía correr más, pero el conductor no estaba muy práctico, y no se atrevía. Entonces no exigían carnet de conducir. Dijeron que, al principio, en un punto donde paraban, se daba desayuno a los viajeros consistente en chocolate; no he averiguado si fue cierto.

Hoy algunas fotos de aquella época serían para tumbar de risa. Los mayores, cuando este auto llegaba a los pueblos, cogían a los chicos para que no se aproximasen a menos de cuatro metros, pues si se echaba a andar aquel bicho a esa velocidad... Pero la gente perdió el miedo y montaban en él como antes en los coches.

Una de las cosas que más impresionó a la gente fue la radio, eso de oír hablar a miles de kilómetros es cosa del diablo, decían.

Los primeros aviones también causaron un efecto tremendo, y era para ello: no tenían cabina, sólo alas y motor, se le veía al piloto de cuerpo entero.

 

Las tormentas

Otro de los recuerdos de la niñez que más me impresionó fueron las tormentas, por los rayos y el retumbar del trueno.

 

El río Odra

El Odra es el río de mi pueblo. De sus aguas se aprovecharon los primeros pobladores de Castilla, cuya cuna fue la Peña Amaya.

La "Yeguamea" echa el agua con intermitencias. Cae sobre una piedra, que las aguas, al caer, han ahondado, formando una especie de taza, en la que están danzando siempre piedrecitas que salieron de la montaña; el continuo movimiento las ha redondeado, como canicas, que la gente de allí llama "pites"; por este motivo la llaman también la "Meapites".

A pocos kilómetros de su curso está el pueblecito de Congosto. A orillas del río hay varias cuevas, en las que medio vivieron unos padres cartujos, que tuvieron que abandonar su cartuja por el expolio que les hizo el ministro Mendizábal. Eran del pueblo, iban a pernoctar a casa de sus familiares y a tomar algo de cena los días que la Regla se lo permitía. Los cartujos tenían además de la Cuaresma de los cristianos otras dos Cuaresmas: por San Pedro la segunda, y la tercera por San Martín, noviembre. Durante todo este tiempo no tomaban nada como cena, sólo una comida al día. El día lo pasaban en las cuevas, entregados a la oración, penitencia y soledad.

 

El Puente

El puente más importante de este río es el de Villamayor de Treviño. Es de piedra sillería y tiene siete ojos; está en la carretera Melgar-Villadiego. A un kilómetro al sur del puente está el Soto Mahallos. Es una zona verde de árboles y maleza, que está comprendido en una curva que hace el río y el cauce del molino de Sordillos.

Al norte del puente, en su parte izquierda, muy próximo a él, está la tapia de la huerta de los Premostratenses. El río es la divisoria del terreno de Sordillos y Villamayor, que entonces era de los frailes. No sé en qué se apoyaban éstos para no dejar a los de Sordillos llevar sus ganados a pastar a aquel sitio, que era terreno comunal. Los de Sordillos acudieron a la Chancillería de Valladolid, que dictó sentencia favorable a Sordillos. Esta sentencia se halla en un libro de 200 folios timbrados que posee el Ayuntamiento de dicho pueblo.

 

Las Presas

A un kilómetro del puente, en la parte norte, existe en jurisdicción de Sordillos el campo llamado Las Presas. Son cuatro las que hay, dos grandes y dos pequeñas. Las grandes tienen dos metros de altura y se encuentran en la confluencia del río y dos cauces molinares, el del molino de Sordillos, que allí empieza, y el de Villahizán, que allí termina.

En invierno, por éstas baja tumultuosamente gran cantidad de agua, es un espectáculo interesante. El río divide la gran pradera que hay abajo de estas presas, dejando en el centro un pequeño bosque, que estuvo siempre poblado de pajarillos cantores: ruiseñores, jilgueros, pardillos y otras tres especies inferiores.

Durante la primavera en el bosque abundaban los caracoles. En octubre, si venían las aguas tempranas, aparecían ricas setas de "cardillo". En los meses de mayo-junio el canto de las aves que he dicho, en especial el del ruiseñor, y el caer de las aguas de las presas convierten este paraje en un edén. También el martín pescador parece que quiere cooperar a esta belleza, pasando volando a ras de las aguas, lanzando su típico silbido como si quisiera llamar la atención para que todos admiren la belleza de sus plumas, de un intenso rojo y azul.

Hasta la nutria con sus "chapuzones" parece que quiere se fijen en ella.

También hacen interesante este soto los ricos cangrejos, los barbos, los cachos, las mermejas; y en el puente del molino caído, sólo allí, se pueblan sus aguas de ricas "lampreas".

 

Mis padres

Mi segundo apellido es Gallego. En Mahallos leí muchas veces la lápida de una calle dedicada a don Matías Gallego, que fue coronel en la guerra de Cuba, y llegó a ser Gobernador de la isla. En Mahallos tenía una casa muy bonita, con todas las comodidades de aquella época; parecía nueva, y las veces que vi su interior me llamaban la atención dos habitaciones empapeladas de toros y toreros, con todos los lances del toreo antiguo y moderno.

 

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Mi vocación

Se lo tengo que agradecer a mis padres.

A todos los hijos nos enseñaron a respetar, temer y amar a Dios. Nunca hicimos una comida sin que precediese la oración, que siempre hacía el padre. Nunca fuimos a la cama sin rezar el rosario, que rezaba siempre el padre.

Siempre, de pequeñitos, al acostarnos rezábamos las oraciones, que nos enseñó la madre a viva voz mientras nos desnudaba.

Cuando vi al reclutador de Lasalle recoger niños para llevarlos al convento, comencé por sentir deseos de ir también. Después pensé en los Paúles, donde tenía un primo. Me decidí a ir al seminario, donde ingresé en 1914.

Aquí Baldomero relata algunas de sus vivencias en el seminario menor y mayor y en la Universidad Pontificia. Su experiencia con los latinos o latines.

En este capítulo usa algunas palabras conocidas por nosotros como:

Comía el pan con vino.

¡Endinos! ¡Qué hace aquí! – Endino, echa el aliento (los chavales habían estado bebiendo anís).

 

El sacerdocio

El cantamisa todos lo hacíamos muy solemne, cantábamos una misa de Perosi a tres voces. Llevábamos seminaristas para las tres voces, y organista. Nuestros padres gozaban lo indecible, y para los pueblos aquello era nunca oído.

 

Mi primera parroquia

En julio de 1926 me nombraron cura de tres pueblecillos (mi primera parroquia): San Miguel de Cornezuelo, Peñalba y Cueva de Manzanedo, al norte de la provincia de Burgos. Entre los tres tenían 315 habitantes. El mayor, donde residía, contaba con 175 habitantes. Aquí estuvo tres años y medio.

Mi segunda parroquia

En 1929 llegué a mi segunda parroquia, Villalbilla de Burgos.

Aquí había mucha devoción al Corazón de Jesús. Varias veces hemos comentado entre los sacerdotes que hay una diferencia grande en los pueblos que tienen devoción al Corazón de Jesús y le dedican algún acto: como Primeros Viernes, Apostolado de la Oración, o celebran su fiesta. En los pueblos donde no hay esta devoción, salvo raras excepciones, hay más frialdad religiosa, se falta más a misa, se trabaja en esos días y se blasfema más.

En este punto, Baldomero cuenta así los sucesos de Elicio, ocurridos en 1957 en Villamayor de Treviño:

Al año siguiente, fui a dar una misión a este pueblo; iba por la mañana desde la casa de mis padres, que aún vivían, para darles unas pláticas sobre los mandamientos, y por la noche una conferencia sobre las verdades eternas. Después del acto de la noche, pasaba a la casa del alcalde. No tenían cura. Allí estaban todos los concejales y el juez de paz. No cabíamos en la iglesia, me dijeron. Pero alguno sí que faltaría, les dije. Solo dos, me dijeron: uno, hijo de éste -el que fue después el tristemente célebre Elicio -y otro al que llaman "El Ja"-. Se han juramentado para no pisar nunca la iglesia ni avisar al cura aun en la hora de la muerte. Pero al día siguiente, "El Ja" cambió de idea; no sé si le hablaría alguno; fue a la conferencia, después de todos los actos, incluso a confesar y comulgar. Cuando se encontró el domingo en el bar con Elicio, éste, cogiéndole de la solapa le dijo: "¿Así has cumplido lo prometido?", y le dio un puñetazo en la boca, rompiéndole varios dientes. Desde entonces, y en especial los domingos, Elicio se quedó solo; se apoderó de él un odio diabólico, y el 9 de septiembre, segundo día de la fiesta del pueblo, estalló. Cogió la escopeta, la cargó, tomó la canana, la llenó de cartuchos. Tomó entre los dientes un cuchillo de punta, y con una mirada siniestra en los ojos se lanzó a la calle a matar. Al primero que encontró, a bocajarro lo dejó seco. El segundo fue el veterinario, que era muy apreciado. Se asomó a una bodega; le ofrecieron un trago, y Elicio contestó con un tiro. Mató a tres e hirió a otros dos. Por temor a que llegaran los del tricornio, río arriba desapareció. La Guardia Civil se movilizó, pero sin duda recibieron orden de la superioridad para que no expusieran su vida imprudentemente. Hasta después de un mes el asesino no apareció. Estaba un pastor en las laderas de la Peña Amaya, vio que el perro ladraba furiosamente, se acercó: había un hombre muerto, era él.

 

La República

La amenaza de la revolución se cernía hasta en los pueblos más insignificantes. Habiendo subido al poder los socialistas, destituyeron "democráticamente" a todos los ayuntamientos monárquicos, que eran la mayoría. Establecieron hasta en los pueblos más pequeños la Casa del Pueblo, y lo que llamaban la lucha de clases.

La paz que hasta entonces había reinado en los pueblos se rompió, dice.
Aquí cuenta algunas cosas que oyó que pasaron y que vivió durante este periodo.

En esta época se tuvo que hacer cargo de las parroquias de los pueblos de Villacienzo y San Mamés gratis et amore.

El pronunciamiento militar de la Guerra Civil pilló a Baldomero en San Sebastián, a donde fue para los funerales de José Calvo Sotelo, asesinado en Madrid. Cuenta lo que allí vivió.

 

Catecismo

La República suprimió el catecismo en las escuelas.
No nos quedaba más que la iglesia para suplir esta falta. Los padres me apoyaron todos, sin que quedase ningún niño de ir. Nunca supieron mejor el catecismo.

 

Ángel de la guarda

El ciclista que me avisó que no pasara en aquel momento por las vías en Quintanilleja, y que me salvó la vida, tras pasar el tren había desaparecido.

 

Nota simpática

Estando yo en la zona roja durante la Guerra Civil, D. Tomás llamó a los niños para que pidiesen por mí, para que no me sucediera nada, pues los rojos mataban a los sacerdotes todos los días. Al dar unas campanadas, los niños iban a la iglesia, hacían el Viacrucis, y después se quedaban un rato con los brazos en cruz, pidiendo por mí. Su oración fue escuchada. Que Dios se lo pague a todos.

 

Mi tercera parroquia

Fue Isar, en 1941. Aquí estuve 37 años.
También me agregaron Villanueva de Argaño y Hornillos del Camino.

En Hornillos tuve la ocasión de apreciar la devoción de franceses a nuestro Apóstol. Peregrinaban siempre a pie o a caballo. Un año tuve a cuatro maestras de Versalles, cada una con su macuto de 18 kilos. Me escribieron para que les buscase alojamiento; se lo di en mi casa. Fui a por ellas al pueblo en mi coche. En mi casa cenaron y durmieron. Quisieron abonarme estos gastos, y al no aceptarlos yo, me los dieron para la iglesia, para los pobres o para lo que quisiera. Al día siguiente oyeron misa, comulgaron, y después de desayunar, con mi coche las puse en camino.

En Hornillos encontré la iglesia muy destartalada. Los días de lluvia tenían que abrir los paraguas para no mojarse; las paredes muy sucias a causa de las goteras, los ventanales todos rotos, el piso de tarima viejísima, llena de agujeros, toda la ropa muy gastada.
Se hizo un retejo de toda ella, se pusieron ventanales nuevos, incluso los que estaban taponados, se picó y se entarimó. Y quedó la iglesia preciosa, de las más bonitas de la Diócesis. Tiene 22 metros de larga, 18 de ancha y 11 de alta.

 

Fuente del Gallo

Está en la plaza de Hornillos del Camino. Se debe a que unos soldados franceses robaron aquí un gallo, que cantó dentro de un tambor de un francés cuando el alcalde y el sargento francés acababan de registrar a los soldados no habiendo aparecido.

 

Vocaciones

Isar y Hornillos del Camino eran cantera de vocaciones religiosas.

 

La casa rectoral

La de Isar era señorial, magnífica.

Al mecanizarse la agricultura, con una tercera parte del personal era suficiente para su explotación, con mayor producción. Vino la emigración. Como por otra parte los polos de promoción sembraron de fábricas las distintas regiones, hubo gran necesidad de brazos para las mismas, y el campo quedó en cuadro. De los 37 años que estuve en esta parroquia, en los doce últimos sus habitantes quedaron reducidos a menos de 200. De las cuatro escuelas, se cerraron tres. De 90 jóvenes de ambos sexos, quedaron seis. El campo de trabajo de los párrocos quedó reducido a la mínima expresión.

Hasta aquella época y fecha habíamos tenido mucho culto en todas las parroquias. Todas tenían cura, y se tenía misa todos los días, rosario gran parte del año, novenas, procesiones, catequesis. Todos los sábados del año "sabatina" al caer de la tarde, o sea: confesiones, rosario y Salve cantada.

 

Panorámica de la parroquia

Aquí, el autor relata una descripción de las dos parroquias de Isar, descripción datada en el siglo XVI.

 

Iglesias y ermitas

Describe lo que hay y lo que hubo.

 

Fundaciones de Isar

- Obra pía.

- Arca de misericordia.

- Tierra de la esquila: Los que cultivaban esta tierra tenían la obligación de, todos los días, al caer de la tarde, recorrer el pueblo en sus cuatro puntos cardinales y tocar la esquila, para que la gente saliese a las puertas y respondiese a las oraciones que hacía. La primera de estas oraciones era por los fieles difuntos. En las otras cuatro se recordaban las cuatro verdades eternas: muerte, juicio, infierno y gloria, a recordar para no pecar, pidiendo por la salvación de todos.

- Pax tecum: costumbre de tiempo inmemorial en Isar, el día de Pascua de Navidad, el alcalde, por medio del alguacil, mandaba al sacristán dos cestitos de pan en pequeños trocitos; era pan bendecido en la misa; al salir, los mayordomos de las cofradías daban a besar un crucifijo, diciendo: Pax tecum (la Paz sea contigo), y se respondía: et cum spiritu tuo (y con tu espíritu), y todos tomaban del cesto un puñado de trocitos de pan. El pan bendito es un sacramental con el que se perdonan los pecados veniales; en segundo lugar, la paz del saludo representa la paz que el Niño de Belén vino a traer al mundo.

 

Misiones

La más célebre en Isar. Fue la de los Padres Capuchinos de 1948.

 

Cofradías

Comenta las que había y, especialmente, la de las Benditas Ánimas.

A continuación comenta algunos actos que tuvieron lugar asociados al Congreso Eucarístico de Barcelona de 1950 y del Año Mariano [1953-1954, centenario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción].

Por citar uno de los actos del Año Mariano, aquí está lo que relata Baldomero del acto arciprestal:

Asistieron treinta pueblos del Arciprestazgo, treinta sacerdotes y niños de los treinta pueblos. La ida la hicimos en procesión los ocho kilómetros, con pendón y cruz alzada, y una imagen de la Inmaculada. Es muy probable que resonara por vez primera por aquellas alturas y hondonadas el canto de las Letanías de la Virgen y de los Santos. En la fuente de Orbaneja nos unimos a los de otro pueblo, Hornillos del Camino, cuyo párroco, anciano y achacoso era llevado en un carro. Los treinta pendones de las parroquias asistentes formaban un semicírculo al lado del altar, lo que daba vistosidad. Delante de ellos, también en semicírculo, las imágenes de la Inmaculada. Resultó un acto hermoso. Asistieron unas seis mil personas.

 

Mis monaguillos

En la fiesta del pueblo mis monaguillos iban muy "pinchos". Yo les preguntaba: "-¿Qué habéis estrenado hoy?"...

"Nosotros -dijo uno- somos cuatro hermanos, y los cuatro empezamos con la U: Usebio. Ulogio. Uxiquio y Ufrasio."

 

Mi soledad

A los que no tenemos vocación de cartujos, la soledad nos deprime y arruina. nos hace misántropos y seres raros. La situación actual para el cura de almas en los pueblos no puede ser más desastrosa.

Al cumplir los setenta años, llevaba ya cinco solo (sin asistenta). Iba a comer donde un vecino, pero la dueña tuvo que marchar para atender a una hija. Ella misma buscó otra casa en la que me recibieran para comer durante los dos o tres meses que ella iba a estar ausente, pero no la encontró.

Cuatro años atendí la parroquia desde la residencia [sacerdotal]. Iba, además de los domingos y festivos, por lo menos otros dos días a las escuelas, cuando podía y, todos los sábados, confesaba en las dos parroquias, después de decir las dos misas.

 

Archivo municipal

Calles – Vecinos – Concejos

Aquí Baldomero relata textos encontrados en los documentos consultados consultados:

Nos reuníamos en la Casa del Ayuntamiento al son de campana tañida.

Se arrendó un mesón con la obligación de tener siempre dos camas libres para los viajeros.

Los diezmos se clasificaban en granados y menudos. Los granados se llamaban mayores, el trigo y la cebada; menores, todos los demás granos. Diezmos menudos eran los corderos, los pollos, el lino, la lana, el queso, la miel, las hortalizas; del vino no se dice a qué clase pertenecía. Los diezmos menudos se cobraban casi todos por Santiago.

Por lo que se recaudaba de diezmos podemos darnos cuenta de la suma pobreza en que vivían (ejemplo año 1804). Entonces se sembraba  solamente lo de la Vega y los Valles, todo lo demás era monte de robles, hayas y carrasco.

Pechía

En todas las casas había un arca grande para meter grano.

Pragmáticas reales

Enrique IV ordena que a los blasfemos se les corte la lengua. Felipe II ordena que a los que canten cantares sucios se les den cien azotes. Carlos V manda que no se vistan vestidos costosos, porque algunos invierten en ellos lo que necesitan para comer. Se ordena que los alcaldes vayan siempre a caballo y con la vara en alto.


Pleito con el Torreón

En el archivo municipal encontré este pleito fechado el 27 de julio de 1555. Felipe II cortó los abusos de los señores de "horca y cuchillo". Al conocerlo, los sacerdotes convocaron al pueblo (de Isar) presidido por alcalde, regidores y merinos para presentar la demanda al rey contra el marqués don Luis Fernández de Manrique, conde de Castañeda y canciller mayor de Castilla. En la sentencia, (1) condena al Marqués a que no les puede obligar a llevar a los mercados el trigo que le pagan, (2) condena al Marqués a que no les pueda exigir que le arreglen el torreón, (3) a que tampoco les puede obligar a llevar cartas o circulares, (4) en cuanto a la caza y pesca, ordena que se observen las leyes de estos reinos, (5) a que el agua que le sobre la ceda a estos vecinos y (6) a que no administre justicia ni lleve presos a los calabozos de su Torreón. La fecha de sentencia es del 15 de junio de 1557.

En la contrademanda, que también ganan los vecinos, estos consiguen, además, que se les deje exentos de dar alojamiento y comida a los dependientes del conde y a sus caballos.

 

Mi jubilación

Los obligados desplazamientos al pueblo para atender mis parroquias sin tener una compensación por los desplazamientos y con mi raquítica nómina me llevaron a pedir mi jubilación a la edad reglamentaria de los 70 años.

En activo fui un esclavo de la parroquia, no me tomé nunca vacaciones ni dormí fuera de casa, excepto en ejercicios y peregrinaciones.

 

Mis viajes

Tras la jubilación, pude satisfacer mis aficiones de viajar.

 

Mis trabajos pastorales en América y Andalucía

En Méjico y en Andalucía.

 

Entierro de un excomunista

Me comunicaron que iban a traer a enterrar desde París a un hijo del pueblo. Fue comunista, y el año 1936 marchó allá. Al ir a la casa del hermano. que sigue siendo comunista, a recoger el cadáver, vi que encima del ataúd iba una corona de rosas todas rojas. Era una profesión de fe comunista. Yo en la homilía haría una profesión de fe cristiana.
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Terminé diciendo que en sus oraciones pidiesen por el difunto.
La iglesia estaba de bote en bote. Muchos de ellos supongo que serían antiguos comunistas amigos del difunto. Todos tenían los ojos abiertos y fijos en mí sin pestañear, como si no hubieran oído nunca estas cosas. Era sábado, y a las ocho tenía otra misa valedera para el domingo. Nada más dar las primeras campanadas, sin esperar a los tres toques, la iglesia se llenó, me pidieron confesión. Hubo que abrir las puertas de la calle y desde ella oyeron muchos la misa; por dentro no cabían. Casi todos eran de los asistentes al entierro.

 

Mecanización del campo

Los que hemos nacido a principios de este siglo [XX] nos hemos podido dar perfecta cuenta del abandono en que nuestros gobernantes tuvieron siempre a la agricultura. No se nos ha olvidado todavía la pobreza con que venían a la ciudad hasta los años 1950, con sus trajes de pana remendados, con las alforjas al hombro y el capazo en la mano.

Yo tuve a la cátedra de la Sección Femenina 45 días. Llevó a cabo un trabajo intensivo. De mañana, empezaban con los niños, en secciones; les enseñaban cánticos, danzas, religión, amor a la Patria, etcétera. A continuación, mujeres y jóvenes; les enseñaban, entre otras cosas: cocina, bordado, pintura, preparación de pieles de conejo y de cordero, etc. No recuerdo durante cuánto tiempo las tenían. Les exigían puntualidad, y ellas la observaban. Por las tardes, iban los profesores de la capital, ingenieros, que les enseñaban algo de medicina y vendaje de heridas. Sobre lo que más trabajaron fue sobre el cooperativismo y la mecanización.
Así les decían:

En el pueblo hay 70 yuntas; una yunta consume más que un tractor. A la yunta hay que echarle de comer aunque no trabaje; el tractor, si no trabaja, no gasta. Un tractor hace la labor de cinco yuntas. Lo cual quiere decir que la labor que hacen vuestras 70 yuntas se puede hacer con 15 tractores; esto supone un ahorro de muchos miles de duros cada año, y al cabo de la vida millones. Diréis que los tractores cuestan mucho dinero, y no lo tenemos. Entonces, formad una cooperativa y tendréis dinero sobrante para comprar tractores y una cosechadora. Vendiendo 50 yuntas, tenéis para comprarlo todo. Además, formando cooperativa o varias agrupaciones de cuatro o cinco, tenéis otras ventajas grandes: os dan simiente selecta, sin que os cueste nada, a cambio de trigo corriente. Os dan abonos minerales, a pagar cuando entreguéis el trigo. Se os dará también, a fondo perdido, una cantidad por cada hectárea; con esto, la cooperativa recibirá varios años un millón de pesetas, las agrupaciones su equivalente.

Esto lo concedían los primeros años para fomentar el cooperativismo, lo daban en concepto de "pequeño rendimiento".

 

La infanta, así pudo ser

Cuenta cómo pudo ser el cambio del nombre de un término "Prao los Olmos", por "La "Infanta", un relato largo y por momentos tierno y dramático, que recoge una leyenda histórica sobre la hija del Señor de Isar.

 

Un sueño

Sobre las autonomías y los gobernantes.

 

Apéndices

Mi pueblo natal

Sordillos se llama mi pueblo, y tiene como anejo a Mahallos, anejo como parroquia y como ayuntamiento, formando una parroquia y un solo ayuntamiento. Mahallos tuvo párroco hasta el 1882. Se llamó don Manuel Carpintero.

Mahallos llegó a tener 30 vecinos, y Sordillos, 50.

En Sordillos está la ermita de Santa Ana, grandota. En el año 1617 tenía ermitaño.

Del Convento de Monjas Premonstratenses de San Pablo no queda más que una piedra grande.

En este convento vivió Santa Radegundis, que murió el 29 de enero de 1152, según Croiset. Era muy pobre el convento, por lo que no entraba ninguna [monja] y, habiéndose quedado ella sola, fue a Roma para pedir al Papa autorización para hacer una celdilla adosada al exterior del convento premonstratense de San Miguel de Treviño, distante un kilómetro [de Sordillos], y se lo concedió. En la celda hizo una ventanilla que daba a la iglesia del convento, para oír misa y comulgar.

Parece que los monjes no la llamaban por su nombre, sino "la monja paulina", por haber pertenecido al convento de San Pablo. Esto dio lugar a confusiones y jaleos.

Hacia el año 1895 nombraron cura de Villamayor a don José de Diego. Era un cura muy serio y muy moreno, y algún año se opuso a la celebración de esta fiesta, pues decía que no era Santa Paulina, sino Santa Radegundia, y algún año no quiso decirles la misa ese día, y algunos del pueblo le apedrearon la casa. Yo era muy chico, pero me acuerdo bien. Murió en 1912. Más tarde se consultó a don Luciano Huidobro, y dijo que, en efecto, era Santa Paulina, virgen y mártir, cuyo cuerpo se trajo al convento en no sé qué fecha, y desde entonces se vino celebrando esta fecha con mucho acompañamiento y solemnidad.

Libro de defunciones

En recuerdo de los difuntos se cantaba In paradisum deducant te angeli.

La iglesia estaba, y está, con losas numeradas, cada número es una sepultura. En las partidas de defunción se indica la fila y el número.

En 1832, Mónica Guadilla manda que la entierren en el gran rumen, o grandes sepulturas, donde yacen sus padres. Manda que den a los pobres del lugar media fanega de pan y una caldera de titos cocidos. Esta costumbre de dar titos yo la conocí hasta bien acá; íbamos también los chicos con una cazuela y cuchara a comerlos, estaban muy ricos.

Sacerdotes

En 1837 se prohibió enterrar en el interior de las iglesias; enterraban en la ermita y en el exterior de la iglesia.

En 1890 existía el apellido Pinto, pero si era mujer ponían Pinta.

Arca de Misericordia

Por el año 1690, un sacerdote de Mahallos fundó esta Arca con 52 fanegas de trigo, a repartir entre los 21 vecinos más pobres. En 1701 determinaron repartir sólo 26 fanegas cada año, y las otras 26 gastarlas en la reparación de la iglesia, que estaba muy ruinosa.

Matrícula

La casa [del coronel] la compró uno de Melgar, y comenzó a desmontarla el 29 de septiembre de 1914, día en que yo fui al Seminario. Al pasar por  Mahallos para tomar el coche de caballos en Sasamón, era de noche y comenzaban a desmontarla. Con sus buenos materiales hizo una casa nueva en Melgar, enfrente de la del Padre Luis Martín, que fue General de los Jesuitas y le llamaban el Papa Negro.

Mahallos, al desmontar esta casa que le daba prestancia e historia, lo perdió todo. Hoy sólo queda el profundo pozo de agua muy fresca, que está empedrado con piedra de sillería. La casa de los criados la ha convertido su propietario en un magnífico chalet con todas las comodidades, y sus hijas, que son buenas pianistas, alegran la soledad de este pueblecillo con arpegios y acordes de las notas del piano. Al fin, aunque no todo, volvió a la familia lejana del Coronel gran parte de sus bienes. ¡Qué lástima haber dejado llevar la casa donde vivió!

Albilla

Es el apellido de los de Mahallos, el primero, el segundo, o los dos. En 1880 había practicante en Mahallos, del que nació el que un día sería "Albilla", el famoso cura de Mahallos, que según sus condiscípulos era una inteligencia privilegiada.

Excursión familiar

Soy el mayor de los seis hermanos.

 

Mis viajes

Quiero dejar una nota de este gran papa [Pío XII]. Iba a hacer sus estudios al Liceo Ennio Quirino Visconti, donde había profesores de la cáscara amarga.*

* Ser de la cáscara amarga: En el siglo XVIII se decía así de un individuo "travieso, valentón o pendenciero"  Diccionario de Autoridades de la Real Academia (1726-39). Después, siglo XIX, pasó a ser una expresión despectiva para los liberales, librepensadores o progresistas, de ideas muy avanzadas.

 

Boletines eclesiásticos

En julio de 1866 se hace reclamación al Ministerio de las nóminas correspondientes a cuatro meses. En 1868 se hace 'Otra reclamación de seis meses. El Ministro contesta que las arcas del Estado están exhaustas; por eso el año anterior en la aprobación de cuentas se habían suprimido 124 parroquias, y en las demás diócesis un número equivalente. En Castrojeriz se suprimieron cuatro, en Espinosa de los Monteros tres, dos en Belorado, una en Villahizán, la de Mahallos, y en casi todos los pueblos que tenían dos, suprimieron una. Lo malo fue que para los curas de las parroquias suprimidas, estaban todas cubiertas, de qué iban a comer? El de Montuenga dijo que tenía 95 años, y no tenía nada que llevar a la boca.

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Nos dieron las vacaciones a los seminaristas y demás estudiantes el 6 de mayo, por causa de la gripe, que en un principio empezó benigna, pero desde fines de julio atizó fuerte. Se la llamó "el número 11", porque empezaba con uno y terminaba con uno. Fue terrible. Todas las mañanas,  desde mi pueblo, oíamos tocar a muerto en los tres que lo rodean. Por fin, prohibieron tocar las campanas, para no asustar… A varios los enterramos sin ataúd, envueltos en una sábana y en unas andas que había en la iglesia para esos casos… Hubo no pocos matrimonios que se acostaron, al parecer, sanos y amanecieron los dos muertos.

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El arzobispo Segura (que tomó posesión en 1927) nombró vicario y secretario episcopales a dos canónigos que tenían siempre el morro torcido... y éstos encargaron a sacristanes y beatas que denunciasen a los curas a los que viesen entrar en los bares. No creo que fuese nadie a pasar allí el tiempo, pero si había sed, se tenía que beber en algún sitio. Cuando vino el Circo Krone, quitó las licencias a algunos sacerdotes que asistieron, y a algunos que no fueron más que a ver las fieras también los sancionó.

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También construyó la Residencia Sacerdotal. Ignoro quién fue el contratista y arquitecto que la hicieron. El que la hizo discurrió poco, si es que discurrió algo. Se destinaba para sacerdotes mayores de 80 años, y la llenaron de escaleras. Hay sacerdotes que no pueden salir a la calle, ni al jardín, por las escaleras; hay sacerdotes que no pueden bajar a la capilla por el mismo motivo. Otro defecto grave es el haber hecho la cocina un piso más bajo que el comedor. Por este motivo hay días que tenemos que esperar un cuarto de hora de un plato a otro. En cuanto al material en ella empleado, o lo metieron viejo o defectuoso. Las tuberías del piso bajo ha habido que ponerlas nuevas, pues todos los días había fugas de agua. También en los demás pisos ha habido este defecto, aunque no tanto.

 

Despedida

Y así se despide el autor:

Mis queridos lectores:
Ha llegado la hora de despedirnos. Estas son algunas de las memorias de mi larga vida, humana y sacerdotal. Escribirlas todas hubiera sido imposible. Si os he divertido y edificado, y sobre todo si os he acercado un poquito más a Dios, me doy por satisfecho y bien pagado.
Toda mi vida la he dedicado al servicio de las almas, y con gran humildad puedo decir que, con la ayuda de Dios, gustoso dedicaría otros cien años de vida a esta sublime y divina tarea.
Que Dios os bendiga por haber soportado la lectura de mis memorias: Recuerdos y añoranzas de un Cura jubilado, enamorado de sus parroquias y de sus feligreses.

 

       

    


agradecimiento a Baldomero Martínez Gallego (†)
agradecimiento a Justina Pérez que prestó el libro para leerlo y para esta página
página creada el 07/04/2017