Costumbres de las décadas 1950 y 1960, con Jesús Fontaneda y Alfonso Pérez

Conversando los días 10 y 11 de agosto de 2020, en Sandoval, se habló de antiguas costumbres en las fiestas de Sandoval (carnavales y san Blas) y otros casos, aderezado con algunas anécdotas y pequeñas historias, y recordando a diversas personas del pueblo.

Lo fueron recordando Jesús Fontaneda Arroyo y Alfonso Pérez Fontaneda, primos hermanos que, en 1963 y 1962 respectivamente, emigraron, el uno a Vitoria y el otro a Barcelona. Son, sobre todo, vivencias de antes de marchar, de niños y adolescentes. Los dos tienen casa en el pueblo y vuelven todos los años a pasar todo el tiempo que pueden. Jesús y Alfonso nacieron en 1945.

De oyente, con ellos, Rafael Alonso, un arrimado al pueblo.
Como son charlas informales, para mejorar la comprensión de lo que se va diciendo [entre corchetes] se va completando o complementando lo que dicen los contertulios.

 

 

Conversaciones con Jesús Fontaneda Arroyo y Alfonso Pérez Fontaneda

10 de agosto de 2020

[hablando de personajes de los que se disfrazaban en el carnaval de Sandoval]

Alfonso - Estaban... los novios, la vaca marina,...
Rafael - Los muertos, ...
Jesús - Una de calavera. La caretas estaban muy bien hechas.
A - Las caretas.
R - La calavera, la vaca marina, el mascarito... ¿Qué más había?
J - Joder, ahí te vestías de todo, de abuela, otro con un burro iba por todas las calles; como entonces venía la gente a vender con un burro, pues nada, hacía unas tiras de papel y eran [simulaban ser] las tripas para hacer después los chorizos.
A - Era un poco de ingenio también. Las caretas que tenían era ingeniosas.
J - En esa plaza, donde la casa de Paco, ahí, con unos cestos de vendimiar hicieron un círculo y en cada cesto había un número y un regalo; y en el medio pues pusieron un bípode de madera con una cesta muy grande y un tío tocaba la campanilla y vendía papeletas, una camiseta, un rollo de esos [cosas de esas]. En cada cesto había uno. Tú echabas, «pues dame tres, el tal, el tal y el 16». El bicho que hacía de tal, un bicho de lo que fuera, pues [por ejemplo], de mono o yo qué sé. Y entonces el otro tocaba la campanilla y él [el mono] salía y pum, pum, pum, «¡Ay, que se mete la mía!», joder, se iba a la otra [al otro número que no era el tuyo]. Lo hacían los mozos.
A - Los mozos y los chavales.
J - Colás [Nicolás López Pérez], el primo de Alfonso, ese tenía muchas ideas para hacer cosas. Hacía unos gigantorros de la leche con cuatro palos y todos los trapos viejos del pueblo aparecían allí por carnaval.
A – Un año, la mujer de Justi... [Justiniano López García y Silveria]
R - ¿La mujer de quién ...?
J - La mujer de Justi. Una casa sola que compró cuando hizo el almacén Angelín.
A - Esa chica se vistió de novia y todo el mundo decía «¿Quién será?». «¡Pero si es igual que una mujer!» Claro, ella con su careta de mujer se la veía de mujer, y el otro con su careta de hombre. Y todos diciendo «¡Qué bien han puesto los pechos, qué bien todo...!» [pensando que era un hombre disfrazado de mujer] Hasta que se quita la careta y era ella.
J - No me acuerdo cómo se llamaba. Una tía que a la que le gustaba la fiesta. Su suegra vivía aquí, en este pueblo. Era joven [la disfrazada]. Era cuñada de Bernardino [López García]. El marido era hermano de este.
A - Ese chaval [Justi] estuvo de fraile. Se salió de los frailes e hizo la carrera de maestro. Creo que fue a Barcelona. Conoció a esta chica [Silveria], que era de un pueblo de Tarragona. Cuando él tuvo que hacer la mili, en vez de quedarse en Barcelona, porque él estuvo dando clases particulares, él se quedó aquí, y ella se quedó aquí y él hizo la mili. Y un año, fue por carnaval, la dijeron «Oye, los carnavales, ..., ¿te quieres poner la careta y vas de novia disfrazada?», «Vale, pues adelante». Y toda la gente estaba sorprendida.
J - Era chica y hacía de chica, claro. Y el que hacía de chico, tú no sé si conocías a uno, Poza, que se llamaba Gaudencio [Poza Alcalde], ya no le has conocido. Bueno, pues ese, hermano de Fernando, hacía de novio y la otra de novia. De traje, bien vestida.
A - Los novios iban con corbata, traje, ... Bien vestidos.
J - Bien vestida, con su careta, el otro con su bombín. Nosotros tendríamos, Alfonso y yo doce o catorceaños [1957 o 1959].
J - Pues tampoco nos lo pasábamos bien por carnaval, ¡buah! [por decir que se lo pasaban muy bien]. Acababas el festejo y luego por las casas a pedir.
A - A pedir.
J - Te daban huevos, te daban dinero, ibas a las bodegas y te daban vino. Pues, luego, a hacer una merendola.
A - La merendola.
R - Eso sí lo he oído.
J - Ya te digo.
A - Y luego los chicos la cena. [los chicos eran los que no llegaban a mozos]
J - Y luego los chicos la cena.
R - Los chicos ¿Y las chicas no?
A - Las chicas hacían merienda [por su cuenta, aparte]. Lo ponían ellas.
J - Los mozos, que se decía, esos hacían cena cena. Allá compraban una oveja y carne pa'rriba y carne pa'bajo, y un buen platón de alubias.
A - Y pellejo de vino y botellas de coñac.
J - Y pellejo de vino y botellas de coñac.
R - Igual el pellejo de vino lo comprabáis aquí.
J - Hombre, claro. El último año que hice la cena yo, este [por Alfonso] ya no estaba [en Sandoval]. Yo estuve este año con ese, que pagamos la música, no nos habían salido las barbas pero... Y aquella vez cenamos allá donde vivía José el de la Juanita [José María Andrés y Juanita González].
A - Por carnaval.
J - Eso, por carnaval. Y por la fiesta, en San Blas, cenamos ahí donde la Gloria [Gloria Peña y Crescen Domingo].
A - Donde vive Paco [Labrador Balas] ahora. Que eran muy madrugadores En la cuadra de sus padres, también, [éramos a cenar] los mismos. A jugar a la treinta y una [un juego de cartas], coñac..., y al día siguiente a despedir al coche [autobús] a los músicos.
J - El último año, Bene, me paece que estaban Miguel Ángel y Dionisio. Los cuatro vinimos aquí. Claro, los tíos habían tenido cena. «¡Venid a cenar!» «Que nada» [dijimos que no]. «Bueno pues luego venís a...» Un hermano de Fernando, como este y como yo [de nuestra edad], se agarró una castaña de anís..., me acuerdo que fui allí, a las ocho de la mañana al autobús. Yo no sé si la dije a tu madre [Maura Fontaneda] «Bueno, si no vengo, ya nos veremos a otro año». Me agarré un pedo de anís. Me acuerdo que el del autobús, acojonao de frío, le echaron el abrigo y decía que tenía mucho frío. Le dice Miguel Ángel «Me cago en hasta ..., verás como no vas a tener frío», pumba se echó en encima del asiento, encima de él. Le decía «Queh che, que me ahogas». Nos montamos en Villalbilla [de Burgos] en el tren. Ese tren que, vamos, ibas contando las horas y no llegabas nunca. Y me acuerdo que decía «¡Ay que me muero!, ¡Ay que me muero que tengo mucho frío!».
A - Había bebido anís.
J - Anís, anís. Había un matrimonio, viene [hacia nosotros] «¡Ay pobre chico! ¿Qué le pasa?» [Y él] «Uuh Eeh». Y ya les dijimos «Mira, que venimos de unas fiestas y este hombre se ha pegado un... cargamento ¡ho!, un cargamento de la hostia».
R - ¿A qué edad te marchaste tú, Alfonso, de Sandoval?
A - A los 17. [1962]
R - ¿Y tú [Jesús]? ¿A los 18? Has dicho un año después.
J - Sí. Al año siguiente.
R - Yo he leído en internet que en Villanueva de Odra, donde está casado Alfonso, dejaron de hacer [la fiesta de] El Judas, porque murió uno por un accidente con una escopeta.
A - Los carnavales estaban prohibidos.
R - ¿En Sandoval?
J - En todos los sitios. Aquí, si hubieran venido los guardias... Tu suegro [«el abuelo, el abuelo», rectifica Alfonso] El abuelo.
R - ¿Qué abuelo?
A - Emiliano [Pérez González].
J - El señor Emiliano. Y decirles [a los guardias] «¡Eh! El responsable del pueblo soy yo, si algo pasa...» Y los guardias [sacude las palmas], se marchaban, ¿verdad?
A - Empezaban el domingo [los carnavales]. El domingo los mozos, al salir del Rosario ya eran las primeras carreras. Estaban escondidos y, tal como salías [en ese momento], hala te... A correr. El lunes era de los chavales.
J - Pues, de todos los que estaban en la escuela.
A - De 5 años hasta 12.
J - Entonces éramos unos cincuenta o sesenta, pues mira tú. Otras cincuenta o sesenta chicas. Mira tú qué rebaño de gente.
A - Los miércoles.
J - El martes [rectifica Jesús].
A - El martes era el "martes de carnaval". El miércoles a tomar la ceniza. Ni te enterabas de la ceniza, ni del cura...
J - Bajjj. Subías allá [frente al altar] que olías que apestabas a coñac y a mierda. Pero bueno, se pasaba... Te pasabas...
A - Los chavales se pasaban todo el invierno haciendo las caretas. Unos las hacían en punta, otros tipo caja. Tostarlas, meterlas al horno.
J - Las de los mozos eran "de verdad", pero bien hechas.
A - De molde.
J - De molde. Ya te digo. Unas de estilo caballo, otras de estilo mono, otras de persona, otras de abuelo, así, con el morro torcido, otras la bruja de la escoba. Había de cincuenta mil.
R - Erais muchos.
J - Yo me acuerdo que el último día que estuve yo, Ismael y yo nos pasamos los días enteros...  Ah, porque mi tía también, la Carmen, nos dice «Mira, que me ha mandado mi hermana unos trajes de enfermera». Y le digo yo, no sé cómo así con Ismael, «Mira, ¿pues sabes lo que hacemos?, con unos sacos viejos y luego, con el pienso aquel de las gallinas que ponía Biona [con los sacos], en vez de eso [ponerlo del derecho] lo ponemos al revés y blanco, como que era una sábana». Preparamos a un tío con un buzo, con los zapatos, le pusimos una careta, [donde] las manos le llenamos de hierba, no muy lleno para que no... Le preparamos. Nosotros [éramos] los enfermeros. No sé quien nos hizo, Joselito, hizo cuatro maletas de unas tablas, las pintó de blanco con unas rayas rojas... Y, ¿sabes quién venía de ayudante?, Fernando Poza y Miguel Ángel. Ismael y yo con la camilla. Y el uno por delante con la maleta que había hecho Salva o Joselito, Salva de blanco. No llevabas nada, cuatro tablas como que era una maleta. Pues por aquí [por el pueblo] dando vueltas. Venía otro, que venía [disfrazado] de soldado de guardia, dando hostias a los chavales ¡Buh!, a carrera limpia.
A - Y la vaca [la vaca marina], que hacía correr. Era impresionante, porque lo que hacía era el efecto de acornar. Había gente, sobre todo en chavalas, que tenían miedo a la vaca marina. Parecia la cara..., yo no sé dónde parará [el disfraz].
J - Yo me acuerdo una vez... Parecía la cara de madera de una vaca, los cuernos los habían hecho de madera, bien metidos en un palo, los cuernos bien, pero la cara de vaca. Había una pintada de negro y otra de rojo. De la tabla de alante salían un palo de aquí y otro de aquí, le ponían una manta y al tío solo le veías los pies.
A - Y en medio, para poner la manta.
J - ¡Ah! Y otra, ¿verdad? Se vestían de toreros y allá en la plaza, allá donde las escuelas, de la casa de Vicente [Domingo], donde la puerta, Millán [Vegas Martínez] tocaba la gaita, tirirí ti ti, abrían la puerta y, ¡hala la hostia!, la vaca. Entonces, el que llevaba la vaca..., dice que se ponía [el torero] con las banderillas. Que una vez le pinchó en la cabeza. Eran [banderillas] de madera, eh, de madera, con punta, pero de madera. Lo de arriba era un saco o una manta, pero se coló y le pinchó en la frente. Luego, ya se ponía un algo en la cabeza. Sí, sí, pero allí, «Vamos a ver, que van a soltar las vaquillas o las vacas, a la plaza». A la manera que había, se pasaba bien.
R - Amonario [Pérez Martínez] siempre lo ha dicho, que antes se pasaba muy bien.
A - Había gente.
J - Había gente, claro.
A - Las chicas se vestían de [traje] regional, con los faldones,...
J - De regional. Iban a las abuelas. Les pedían los faldones, todas aquellas cosas. Así hacían, de manera, bien pintaditas. Así hacían.
R - ¿Antes se vestían las mujeres de regional, las mayores?
J - No. Las abuelas no, ¿verdad? Pero tenían faldas... ¿Tú te acuerdas de un hombre que se llamaba Hilario? ¿Te acuerdas de aquel hombre? Bueno, pues esa mujer yo me acuerdo que tenía faldones, chales, de esto, como se llamen. Las chicas, pues iban y le pedían... La señora se llamaba Martina [Pérez López]. Yo me acuerdo, no sé si la Isabel, claro de chavala, ya se lo dejaba alguna vez la señora Martina, unos faldones por abajo, luego rojo o de cuadros, que es lo que se llevaba.
A - También otras.
J - Todas, sí, sí
A - También, la señora Teresa [Teresa Gutiérrez del Olmo], la madre de la Nati [Natividad Andrés], la abuela de la mujer de Carlos [Ana Isabel Izquierdo].
J - Tú a esa tampoco la conocerías, a esa señora, ¿no? Ni al hombre tampoco, al Eutimio.
R - No ¿Tenían traje regional?
A y J - Sí.
A - Había varias mujeres [que lo tenían].
R - Sería porque antiguamente, en tiempos que no conocíamos...
J - Pues, yo no sé por qué lo tendrían. Ya te digo yo.
A - Porque igual venía de la abuela o de la bisabuela.
J - Lo tenía [traje regional] la señora Teodora [Fontaneda], la madre de Claudio [Gutiérrez] ¿A Claudio tú lo conocistes? (R - Sí) Pues la madre de ese, que vivía ahí abajo, esa también tenía [traje regional], con toquilla, ...
A - Siempre estaba sentada a la puerta esa mujer. Y no había ido nunca ni a Villadiego.
J - Pues, seguro.
A - No, no.
J - ¿Tú te acuerdas de la Esperanza [Gutiérrez]? Hermana de Claudio, que sabía ella bordar, que bordaba, ¡uah! [expresión de admiración]. Yo me acuerdo de chaval ¡Bordaba unas sábanas de miedo! Sí que la veías con aquel chisme que metía....
A - El bastidor, se llamaba [de bordado].
J - El bastidor, eso. Yo me acuerdo de verla sentada allá en mi puerta o aquí [en un banco], con tu madre [Maura Fontaneda], mi madre [Sara Arroyo], la Emiliana, la Pepa y..., bueno, eso, las de aquí, allí se sentaban. Y por las noches, ¡aquí! ¡uah!, les daban las dos de la mañana [de la madrugada]. Ahora, en este tiempo que hacía bueno.
R - Con alguna bombilla.
J - La bombilla, en vez de esa [farola], estaba allí, en aquella esquina. Era una bombilla [las lámparas de la calle tenían una bombilla corriente].
A - Una bombilla.
R - Lo suficiente para ver.
J - Pues, justo. Veías, no creas que..., se ríe [en alto y con pocos watios, alumbraban «lo justo»].
R - Ya lo conocí.
A - Veías cuando estabas donde ella.
R - La hermana de Claudio [Esperanza], ¿era soltera?
J - Sí. La que era modista, sí era soltera. Yo de esa me acuerdo bien, ya te digo. De verla ahí en eso y, bueno, de algunas veces que iba yo con Tomás [Gutiérrez] a su casa, de las pocas. Ella siempre estaba en un cuarto que tenían aquí, siempre estaba allí. Tenían una máquina, una tricotosa, ¿o cómo se llamaba?
R - Tricotadora.
J - Eso, sí. Era más vieja que dios ¡Si era con pedales! No era de coser. Solo hacía eso, bordar y ¿...? o alguna cosa de esas.
R - ¿Lo vendía o lo que fuera?
A - Date cuenta que todo estaba lleno de gente.

[Ahora hacen un relato de la gente que vivía en La Calleja y calles cercanas]

J - [Mira los que éramos aquí en La Calleja] Nosotros los primeros. Los segundos, que era donde [ahora está] el garaje de Álvaro, el matrimonio, unos señores mayores, [decía la gente] que si era mi abuelo y no era nada más que vecino. El Hilario. Luego la madre de Claudio y Claudio. Luego los ... del Bonis [Bonifacio]. Luego la casa [que ahora es] de mi sobrina, no me acuerdo cómo se llamaban. Luego los Poza. Luego la esquina de allá; [allí] no me acuerdo de haber vivido nadie.
A - En la casa de la sobrina de Jesús, que luego compró Serafín [Beade Oro], vivían Secundino [Moral Ortega] y Cesárea [Bartolomé Arroba].
J - Secundino y Cesárea tenían hijos, tres por lo menos.
A - Hace dos años o así, vino una chica de ellos.
J - Si, estábamos ahí nosotros, con José Antonio [Bartolomé Fontaneda], cuando vino la chica. En la parte de aquí, enfrente de Poza, vivía uno que era el que cuidaba las yeguas, Indalecio [Díez Barbero] o Valentín [Hermoso Gómez]. Y más abajo, en la de la esquina, esa que tiene la chimenea, era de la madre de Daniel [López Díez], el cartero; de la madre [Dorotea].
R - Esos erais en La Calleja todos los que vivíais.
J - Pues mira tú nada más que verías. Dabas la vuelta y, donde vivía Ismael, vivía uno que se llamaba Jesús [Bartolomé González]; su hijo se llamaba Aurelio [Bartolomé Arroba].
A - Donde tienen la nave, vivía una mujer, que se fue a Granollers, que era viuda.
J - Ah, sí, eso. Antes de donde vivía Ismael, que [ahora] es de ellos, había una señora que era viuda que tenía dos hijos o así.
A - ¡Oy!, [tenía] más [hijos].
R - ¿Cómo se llamaría?
J - Oh, ni idea, ya no me acuerdo. Yo me acuerdo de ella, que era pequeña, un poco gordilla, y de los hijos porque iban mucho a casa de los Poza. Y donde tiene el difunto Ismael esa nave donde metía los terneros, los novillos, ahí también había una casa. De por aquí, todos ...
A - Senorina [Torres Fontaneda].
J - Ah, Senorina [se llamaba], eso. Y en esta [casa] de aquí [señala una casa en la calle Real] los padres de Gloria [Eulogio y Dolores]. En la siguiente [que luego se hizo esta aquí] porque iba a ir ¿...?, vivió [inaudible] Donde vive la Gloria [Peña], [vivió] una que se llamaba Antonina, que ya no me acuerdo cómo se llamaba él. Donde vivía Emilio [Andrés], vivían [gente]. Donde vive e..., vivían. En la casa de Isidoro [González Andrés] de la esquina, había otra [familia] más aquí, también de unos pastores. Y en la casa esa que hizo Isidoro, en esa vivían.
A - ¿___?, ah no, no.
J – No, ____ era la de más acá.
A - [En] la otra Nina y Fidel o Primi.
J - Si eso, Fidel o Primi, sí. A la vuelta, esa [casa] que tiró no sé quién, ahí vivió José el Mellizo [Renedo Ruiz]. Y luego después no sé quién.
A - José el Mellizo y luego [más allá] la Bene [Benedicta Bartolomé Ruiz] y Teodoro [López de la Hera].
J - Y Teodoro, eso. Y luego se fueron donde vivía su padre.
A - Allí también, adonde vive la Gloria, a parte de la Antonina, estaba la Damiana [González].
J - ¡Ah!, sí, la Damiana. Es verdad.
A - Ahí estaba la tienda de ropa.
R - He oído yo que a la fuente de abajo [que ahora tiene el bebedero redondo] le llamaban la fuente [o la plaza] de las viudas, porque había tres viudas. La que decís vosotros que se fue a Granollers, la Silvina.
J - La Silvina y la que has dicho tú, sería. La Senorina, la Silvina [Maroto Martínez] y la del cartero, la madre del cartero.
A - La señora Dorotea [Díez López].
J - Que se fue luego a Palazuelos donde Marcelino. En la única casa en la que no he visto vivir nunca es en esa de la esquina, de Pablo. Y en esa de Pablo nunca he visto, y mira que en esa casa ha habido una tienda de ropa. Sí, de Pablo, lo que es de Pablo.
A - Es la de la Damiana, donde tiene la Gloria [discrepando de Jesús]...
J - A ver, escucha. Que antes ahí hubo. Yo se lo he oído a los pasiegos. Ya ves que, como ahí había una puerta en la fachada allá, después del tubo, como que han hecho una..., la puerta la han puesto así [tapada], por ahí debían de entrar. Tenías telas. Luego sí, ande la Damiana ahí tenías hiladillos [cintas estrechas para poner en la ropa, para los jerseys de los niños que se ponían atrás para abrir el cuello y cerrarlo como en los baberos, para poner en los bajos de los pantalones cuando ya no quedan para alargar el pantalón o si has cortado demasiado], camisetas, esas cosas.

[Nota: Basilio Ruiz Lasso, natural de San Pedro del Romeral, zona pasiega, y fallecido en 1933, llevó en Sandoval un comercio de tejidos (1905, según el Anuario Riera), tenía el comercio donde dice Jesús]

A - Y trajes.
J - Y trajes también.

[Cambian de tema y recuerdan a Bañuelos]

A - Recuerdo a Bañuelos. Se pone un traje, con corbata, camisa..., ahí había un montículo siempre con más barro que la madre que lo parió. Sale el tío bien puesto...
J - Salía colocado.
A - ¡Colocado! Directo, directo, directo, donde más barro había.
J - ¡Ajj!
A - Bañuelos. Si no era famoso Bañuelos... [por decir que lo era].
R - Yo le he conocido, a Bañuelos. Lástima que no le hice ninguna foto nunca. Alguna vez le he visto. Dormía en los pajares, ...
J - Me acuerdo que una vez le dijo a mi padre: «¿Me puedes afeitar?» [Jesús es hijo de Raimundo, que fue barbero de Sandoval]. «Sí.» Le estaba afeitando en casa y le dice a mi padre «Voy donde el señor Eulougio (sic), que tengo que arreglarle un despertador». No se me olvida y le dice a mi madre «¿Tienes unos palillos? De los cuadrados no, de los redondos». Yo no sé, unos palillos, digo yo, sí... Bueno, total que, le hacía algo, se paraba, le pegaba un par de soplidos y estaba cinco minutos andando y dice [Bañuelos] «No, es que a este le falta no sé qué». Cogió el palillo, le metió allá, ¡tras!, le rompió, le tapó. Andaba [el despertador]. Le cobraría dos o tres pesetas.
R - Ah, sí. Eso lo he oído, que arreglaba relojes.
J - Ya te digo.
A - Relojes, máquinas de coser, de escribir, ...
J - Pero el hombre se agarraba cada pedo ¡Buoh!
A - Así dormía; le tenían preparada la fragua del potro [de herrar]. Traían paja y cuando ya le veían que no podía andar, le metían allí, le tapaban y ya estaba.
J - Pobre hombre.
A - Hasta que se espabilaba.
R - Alguien me dijo que había estado en una residencia. Eso sí, porque le hice yo una página en la web, no tengo ninguna foto, y me dijeron eso. Con monjas, me parece. En vez de andar por ahí [ya tan mayor].

[Sobre los maestros que han conocido en Sandoval]

J - Tú [Rafa], ¿cuando empezaste a venir a este pueblo ya había maestros, aquí, o no, ya no había?
R - Ya no había. Tenían que ir a Villadiego.
A - Aquí el último que habría sería Abilio [Barrio González].
J - Abilio. Sí, porque yo me acuerdo, una de las veces ahí en el bar, con Luciano [Peña de la Hera], me dice, «Pues si los últimos que fuimos [a la escuela en Sandoval] fuimos nosotros y fue con Abilio». Yo me recuerdo que el último que [tuve], pues eso, medio año, era un gallego, un chico alto, fuerte [Ramón Varela Martínez]. Vino cuando se marchó don Andrés [Hernández Macías], que era practicante y maestro. Tú a ese ya no lo viste.
A - No lo recuerdo [al maestro gallego].
J - Fue en septiembre. Alfonso, que tú ya te habías marchado.
A - Tú, ¿de qué edad hablas?
J - Estamos hablando, a ver si se acuerda este [Rafa] de haber visto aquí la escuela. Ha dicho que no. Y yo le digo, te digo, que a Luciano le he oído una vez [decir] que sí que ha estado con Abilio. Y a Abilio no le he visto [ya] de maestro. Lo que sí que he visto [es] a ese que te digo yo, después de don Andrés, estar de maestro en septiembre, como yo ya me marché en mayo, pues [le tuve] desde septiembre a mayo. Le corté el pelo una, dos, cuatro [veces], no lo sé. Era un chico alto, soltero y, así, fuerte. Y además de acento un poco de gallego. Ese fue el último que yo vi aquí. Ya luego, ya me fui.
R - Yo sé que Juan Carlos sí que dio clase con Abilio.
J - Claro, luego ya empezaría Abilio. Porque aquí estuvo unos años, ¿no?
R - Pues fíjate, hacen 50 años de casados ahora.
A - ¡Ah!, que son las bodas [de oro] que hay [que se están ahora celebrando] [Abilio y María Jesús].
J - Mira quién era. Nosotros, vamos... [no lo sabíamos].
R - Eso sería el año... En 1970 se casarían. Yo aquí vine en 1978 y ya no había escuela.
J - Yo me acuerdo de una vez o dos veces que vine yo ya, de soltero, a las fiestas de Villadiego, y ya le vi a Abilio que ya andaba con la María Jesús, de novios, eh. Me acuerdo [de verles] en la sala de fiestas, ¿cómo se llamaba?        
R - ¿La Toledo?
A - ¿La Toledo?
J - Sí, la que estaba en la plaza de las ovejas. Esa. Me acuerdo que fuimos allí...

[Se cambia de conversación, porque vienen Lili y Araceli y empiezan a hablar de que han pescado las niñas unos cangrejos]

J - La pequeña [Anaïs] se acuerda ... A ordeñar.
A - Se acuerda de todos los nombre de ellas [¿de las ovejas?]. Dice «tengo muchos amigos en Sandoval».

[Sobre que Sandoval de la Reina era mejor pueblo que Labastida]

J - Pues sí, Rafa, sí. Lo pasaríamos mal, pero lo pasábamos bien. Hay uno de Villavedón que trabajaba... [Hablando a Lili, nieta de Alfonso]: Sí cariño, sí. Eso se llama red, una red para pescar cangrejos.
R - Todo lo que me habéis dicho...
J - El de Villavedón [de que te hablaba] que, donde trabajaba yo, no estábamos en el mismo pabellón, pero yo tenía que ir mucho al pabellón de él porque tenía que hacer unas cosas.
R - ¿Quién?
J - El de Villavedón que trabajaba conmigo en Michelín, en distinto sitio pero yo tenía que ir mucho al pabellón donde estaba él. Y había otro chico que es de La Rioja, y unos tíos de él viven en el pueblo [de] donde era mi mujer. A mí siempre me decía: «¡Fonta!, oye que me ha dicho», este de Villavedón, cómo se apellida, García, «Me ha dicho García que tu pueblo...», [le] digo «A ver, mi pueblo vale cincuenta veces más que el tuyo», a ver, es que el de él [con] Villadiego no tiene ni color, el pueblo de él. Si habéis oído alguna vez, Labastida. Ahí tiene bodegas y tal. Es un pueblo chulo, chulo y grande. Yo le decía, digo «Mira, mi pueblo vale cincuenta veces más que el tuyo». Claro, y tal, «He dicho que...» Y siempre lo estábamos tomando el pelo. Y un día me dice: «Oye, yo creo que es verdad lo que dices tú», «A ver, ¿es que te voy a mentir?» [decía Jesús], «Es que me ha dicho García», el de Villavedón, «que en el pueblo de Fonta [Jesús Fontaneda] antes había barbero, herrero, zapatero, había tienda, panadero, dos bares, en fin» Es que no me acuerdo del apellido del de Villavedón; era hijo de estos que vivían aquí a la entrada [de Villavedón], que su hermano iba con una bicicleta a vender sardinas e hiladillos y carretes de hilo y eso, ah, hermano de Julio. Este [el de Villavedón] se lo decía al otro: «Joe, en el pueblo de Fonta, antes había herrero, barbero, carnicero, pescatero, panadero, había dos bares, había de todo». Y venía y me decía: «Oye, que tienes razón», y yo le decía «Joe, que mi pueblo le da cincuenta veces [vueltas] al tuyo». Digo [pensaba para mí] «Menos mal que no lo has visto».
A - Oye, si el suyo no vale para nada...
J - Ya, ya.

[En carnaval]


A - En carnaval participaba todo el pueblo, por lo menos en la calle.
J - Y luego, pues eso, los mozos ¡y los chavales!, por las casas a..., ¡venga!, juntabas unos cestos, te ponías unos cencerros por aquí colgados, hala, (A - Pintados) pintados y todo.
R - ¿Pintada la cara?
J - Sí, sí. Unos se pintaban los ojos.
A - De coloretes, de rojo, los labios, ... Hay alguna foto, me parece [en internet].
J - Yo no tengo ni una foto, ni una, ni una, ni una [de carnavales].

[Las fiestas de San Blas]

A - Una foto [en la] que estás tú [Jesús], Emilio, ..., y no sé quién más hay.
J - Eso me parece que fue...
A - El día de la fiesta.
J - El día de la fiesta, sí. La Rosario también está, me parece qué. Mi primo Antonio [Arroyo], Bene [Benedicto Poza] me parece que también está, a la puerta de la Catalina, ahí en eso están. No sé si no estaba también la hermana de cura de Villusto. Me acuerdo que estamos con los cestos, que habíamos estado pidiendo. El día de Santa Águeda...
R - Y esa foto, ¿quién la tendrá? ¿Está puesta en internet? No. No me suena a mí [que esté puesta; aunque sí estaba puesta].
J - No lo sé. Yo es que... ¿Dónde la has visto tú?
A - Se presentó como «fotos antiguas», no lo sé.
R - Puede ser.
J - El día de Santa Águeda, los mozos, también ibas por las casas a pedir.
R - ¡Por Santa Águeda también!
A - Cuatro días.
J - Concidía San Blas... Aquí había cuatro días de fiestas, eh.
A - San Blas, Las Candelas,...
A y J - Las Candelas, San Blas, San Blasillo y Santa Águeda.
J - Cuatro días.
A - El día de Las Candelas era, pues, como un día de prefiesta. El día de San Blas era la fiesta gorda. El día de San Blasillo, que era el día 4 [de febrero] era de la gente que entraba nueva [a organizar la fiesta], los mozos que entraban nuevos, ese día ellos eran los que mandaban, y el día de Santa Águeda mandaban las mujeres.
R - ¡Ah, sí!
J - Había que ir luego a pedir...
A - No, no, eran ellas las que iban a sacar a bailar [Alfonso pensaba que Jesús se refería a pedir baile]. A las que no les venía bien se ponían en el medio o se marchaban o bailaban solas.
J - ¿Los mozos no se iban el día de Santa Águeda por las casas a pedir?
A - Síííí.
J - Ah, por eso. Eso de bailar sí.
R - San Blasillo, los mozos nuevos ¿quiénes eran?, ¿los que habían cumplido qué?
J - No. Los que... A ver, había una cuadrilla de los que fueran, catorce o veinte, y estábamos este y yo, tú, tres, siempre estábamos ocho o diez, que ya tenías 16 años, decían «ven a ver quiénes entráis de mozos».
A - Los que venían [de hacer] la mili se desentendían de la fiesta. Ya eran mozos viejos. Ya eran tíos "viejos" Y los mozos jóvenes estaban [como grupo de mozos del pueblo], desde antes de ir a la mili hasta los 17 años. O sea cuatro años ahí [en la fiesta].
R - A San Blasillo habéis dicho que iban los mozos nuevos.
A - Los mozos nuevos, que pagaban el primer año la «multa», ese año mandaban.
R - ¿Los mozos nuevos tenía una edad?
A - Sí. Unos igual tenían 17 otros tenían 18.
J - O 16.
R - Y los mozos viejos eran los que habían pasado la mili.
A - Entonces, cada año entraba gente nueva de mozos. Lo mismo que salían, entraba otra quinta. Y la quinta que entraba es la que el día de San Blasillo era la que mandaba.
J - Los más mayores ese día no mandaban, eran los jóvenes. Tu te encargabas de llevar a los músicos bebida, estar de aquí para allá.
A - Ya te daban tres cohetes o cuatro.
J - Oh, joer ¡Eso!
A - Porque los cohetes estaban ... [racionados] ha, ha.
J - Para tirar. Bueno, bueno. Ese día te daban dos o tres. Los demás de los días uno. Cuando salías y ibas a la procesión, ibas a misa, ... Eso era muy sagrado, eh. Ahí había...
R - ¿Estaban racionados? ¿Eran caros? [los cohetes]
J - ¿Te acuerdas el año que entramos nosotros mozos?
A - Sí. La mierda que cogimos.
J - Y no, y les dijimos... Es que, encima otra. Teníamos que pagar cinco,..., venticinco pesetas. Ellos eran doce o catorce y nosotros entrábamos once. Diez o once. Dos menos de los que eran ellos. Y, no, y les dijimos, «Nosotros pagamos veinte pelas» como todos, porque no van a decir que hemos sido nosotros los que hemos subido la cuota. Estábamos en el teleclub, ¿verdad? Y que si pa'rriba que si pa'bajo. Que dijimos, «Si no...» Nosotros erre que erre con las veinticinco. Nos cogimos, nos largamos y nos fuimos donde Adel [Rojo] ¿Te acuerdas? «¡Allá, venga!, saca una botella de coñac». Mucho no sería, pero lo que dice este. No estábamos acostumbrados y aquel día se anuló todo el rollo. El Adel, era tan así, pues empezó a decir «Pues me voy a unir a los mozos jóvenes y vamos a traer nosotros la música». Y a nosotros nos llamaron y nos dijeron: «A ver, pero soy gilipollas, o qué», dijimos «Si nosotros no hemos dicho nada». Bueno, ya total que no sé si pagamos las veintinco o las veinte y ya... Pero el primer día dijimos que NO y nos marchamos. Y Adel, pues empezó a decir, «Pues me voy a unir con los jóvenes y vamos a traer nosotros la música en vez los otros».
A - Yo de lo que me acuerdo, se pedía el día de San Blasillo. El día de San Blasillo pedíamos después del salir del Rosario y todo lo que salía en dinero nos lo daban para nosotros para «chumar» [beber, emborracharse].
J - Sí, sí, sí.
A - ¡Joer! Comprabas anís, comprabas tal, ... Aquí, todo se arreglaba bebiendo.
J - Yo pensaba que era el día de Santa Águeda.
A - No, no. El día de San Blasillo.
J - Bueno, sería el día de San Blasillo. Sí, sí. Si sacabas cuatro cestos de huevos...
A - Esos se vendían.
R - ¿La música la pagaba el ayuntamiento?
J - ¿La música? Los co...es. Los jóvenes [la pagaban]. ¿Sabes quién los pagaba?, la Sociedad de Autores, y te costaba cien pesetas [quiere decir a quién se pagaba]. Lo demás, ñaca ñaca [nada de nada]. Pues sí, porque había mucha gente. Dabas el pasacalles por las mañanas, las dianas, el uno te daba diez céntim... siete pesetas, el otro veinte, el otro cuatro. El ayuntamiento no sé si daba algo o no.
A - Daban las cantinas.
J - Bueno, sí. Los del bar...
A - Los de los bares daban algo.
J - Pero, bueno, entonces de aquella ya costaba [la música] tres o cuatro mil pesetas, ¿no?, la broma. Yo no me acuerdo cuánto.
A - Yo me acuerdo que era Lillo.
J - Lillo. Yo me acuerdo, el último año, yo no sé quién estuvo. Eran casi las cinco mil pesetas o cuatro mil y pico.
A - Me parece que vinieron aquellos que eran de Palencia, que jugaban ... el Yodi.
J - ¿El Yodi?
A - El Yodi
J - El Yodi [Discoteca Yodi Club, de Palencia].
R - ¿El Yodi qué era? ¿Un antiguo grupo de música?
J - Un grupo de chavales que empezaron entonces.
A - Era tipo Beatles. Allá, con guitarras. Yo me acuerdo de verlos en Villadiego el día que inauguraron la plaza de toros. Y me dije, «qué cosa más boom».
J - Bueno, es igual. Pero los mozos, tenías que poner cien o doscientas pesetas cada uno ¡Ay! y otra, y no te lo pierdas, y los músicos iban a comer a casa. Un día iban a cenar donde Alfonso, otro día a mi casa, a cenar aquí donde Alejandro y a merendar donde Bene. Y así. A dormir iban, yo creo, que iban siempre... donde la Rosa [Izquierdo Fuente] solían ir, yo creo. Yo [creo que en mi casa] de dormir no.
R - ¿Qué estaban? ¿Los cuatro días los músicos?
J - Sí, sí. Los cuatro días.
A - Llegaban el día uno [de febrero] en el coche [autobús]. Venían de Burgos. Llegaban en el coche. Se descargaba todo en la sala ayuntamiento y daban el primer pasacalles por la noche. Eso el día uno. El día dos ya era la misa. No había baile por la mañana, pero sí que había baile por la tarde. Y el día de San Blas y San Blasillo había [baile] por la mañana y por la tarde.
J - Verbena no. Entonces no te dejaban verbena [de noche].
A - No. Verbenas no había. Terminaba a partir de las diez [de la noche].
J - No dejaban. Venía la Guardia Civil y a tomar por c.lo [mandaba parar], a las once de la noche se acababa el baile.
A - No sé a la hora que acababa pero... Después a cenar o a las cantinas o a lo que te daría la gana.
J - Las verbenas no existían entonces.
A - Yo me acuerdo de que aquel año que estuve yo, [la música] era de Herrera.
J - Eran buenos aquellos. H.....s, de por aquí...
A - [Inaudible]
J - De las mejorcitas que había por aquí. La orquesta Veracruz.
A - Veracruz.
J - Han venido aquí de Poza de la Sal, también.
A - Sí. Un año me acuerdo que se tiraban por El Torrejón dando vueltas, ¿te acuerdas? Eran como equilibristas...
J - Y hacían así: «Bum, bum».
R - ¿Los de Poza de la Sal?
J y A - Sí.
J - Eran unos tiarracos, de estos, aldeanos, fuertes. Claro, en esos pueblos, claro, sabían «tozar» (?), pues se dedicarían al «azal» (?) o al campo o a lo que fuera. Unos morlacos buenos que daban una vueltas así, ¡hala la hostia! ¡Y esos no querían cerveza!, ¡el porrón de vino!, ¿verdad?, esos «¡Eh, na, na, el porrón de vino». Gastaban del paso doble [¿una marca de vino?], ¡toma ya!
R - Mi abuelo era de Poza de la Sal.
A - Me acuerdo un año, que vinieron unos de Barruelo [de Santullán], La Unión...
J - A sí, de Barruelo también.
A - ... que aquellos eran mineros. En Barruelo había tres o cuatro fiestas guapas.
J - Joé, que sí. Es que entonces aquí había muchos chicos jóvenes. Eran muchos chicos. Igual había veintitantos. Pero, ya te digo, ese año que entramos nosotros, no sé si ellos eran doce o trece. Y nosotros entramos lo menos nueve o diez. Aunque serías un [inaudible] ya hacías el montón, ya entrabas otros once, pues te juntabas ahí un... Y por las mañanas, a dar las dianas, ¡qué frío!, ¿verdad?
A - ¡Tú ves cómo se quedaban los pies!
J - La «chiflita»...
R - ¿La chiflita quién la tocaba?
J - No, para eso venían bien preparados.
A - Con la trompeta, [inaudible].
J - Las trompetas, ... Ya venían un poco más preparado. No era como Bonis y Salva [Bonifacio Vegas y Salvador Alonso, Orquesta los Truchas]. Y no eso solo ¡Así de barro! ¿Aquí?, aquí te podías meter hasta la rodilla. Como estaba la fuente [de la calle Real], aquí [venían] cada dos minutos veinte vacas bebiendo, ovejas, cagadas, meadas, ... Y eso que, por cierto, limpiaban las calles, pero que era igual, a los dos días... [otra vez embarrada] Estrenabas los zapatos nuevos y [a tí mismo te] decías «Pero qué, ¿llevas ya tres años con ellos o qué?»


R - Se pasaba frío dando las dianas.
J - ¿Por las mañanas? Ho..ia. Y menos que mal que...
A - A las ocho y media se empezaba. Aquí, nada más amanecer, según venía el día, ya, había que tocar cincuenta dianas.
J - Joer, que había una pila de gente. Pues mira tú, si erais veinte chicos, calcula otras veinte o treinta chicas. Y luego las que venían de fuera.
A - Los que venían de fuera.
J - Y luego la casa. El uno porque era el concejal, el otro porque era el cura, el otro pues el alcalde, el otro... Siempre había, así, alguno destacado. Pues oye, pasabas dos horas ahí, turututu, hala, «¡que viva, que viva!», luego el bar, luego en el otro bar. En el bar venían un par de chavalas de..., de donde sea. Ahí, a cada uno [se le cantaba] su diana.
A - Yo me acuerdo que el año que estuvimos nosotros fueron cuarenta y no sé cuántas dianas.
J - Yo no estuve, porque como estaba yo solo en casa, yo tenía que estar en la peluquería por la mañana. No fui ni a una ni a otra, claro. Pero qué, ¡unas heladas de esas que suelen caer aquí!
A - Un año estuvieron un día o dos más [los músicos]. Unos pequeñitos ...
J - [Ese año] ¡Cayó una nevada!
A - Pues a tocar [los músicos], ya que les daban de comer y les pagaban en la cantina, pues a tocar por las tardes. Iba al baile, yo me acuerdo, iba la gente mayor [se refiere a los que no eran niños como él] y decía «¡H....s! ¡Ojalá no pase el coche!» [el autobús]. Sobre todo los mozos y las mozas.
R - ¿El año de la nevada?
J - Pegó una nevada que estuvo, lo menos, el autobús ocho días sin pasar. Nevada helada.
A - Una nevada de co..nes.
R - ¿Y estaban aquí los músicos?
J - Claro. No pudieron salir porque no venía el autobús. No sé donde irían a Burgos [en qué medio de transporte].
R - ¿Qué año sería ese? ¿El cincuenta y algo?
J - ¿Qué año sería?
R - En el 55 o 56 cayó una nevada muy gorda. [fue en 1956]
J - No sé. Nosotros tendríamos unos doce años ya, por lo menos.
A - O igual menos.
J - Joer, si me acuerdo..., ¿sabes quién estaba de maestro?, aquel don Lorenzo, aquel que estaba viudo. Igual teníamos menos [de 12 años]. Me parece que fue entonces. Y nosotros ¡más contentos!, porque estaba [el maestro] en Burgos, era viudo, ... Joé, que no podía venir, entre las fiestas y que no venía el otro [el maestro], mira tú [lo contentos que estábamos los chavales].
A - Lo pasamos bien.
J - Igual teníamos menos [edad]. Igual unos diez o por ahí.
A - Sí, por ahí.
J - ¡Pero una nevada!
A - Éramos críos.
J - Yo me acuerdo. Mira, en esta calle [calle Real] llegaba la nieve hasta la mitad de las ventanas. Donde vivía mi abuelo, allí donde vive la Rosarito [Cidad], ya ves que la era esa que hay, el camino que hay, hasta casi tapar las puertas, ¡casi tapar las puertas! Me acuerdo de que mi abuelo tenía un caballo ahí en eso y con una pala hacer un pasillo para echar al pobre animal a beber y la [inaudible] de las vacas. Ya te digo, que yo de esa no me acordaba. Mira, este [por Alfonso] sí se acordaba.
R - Y estuvieron los músicos ocho días aquí.
J - Pues no sé cuánto se tiraron pero [inaudible] fondo
A - Nueve días.
J - Y a Alfonso, que por la noche [yo le decía] «¡Hala, vamos al baile!». [Eran] para nosotros fiestas.

[Los veladeros y otras reuniones familiares]

R - Eran otros tiempos ¿Más solidarios?
A - Antes se ayudaba más.
J - Yo creo que era otra cosa. Ahora no, ahora cada uno vivimos a nuestra bola y punto y coma, y punto y coma, y es así oye, y la vida es así.
A - Yo pienso que había más ayudas. Se ayudaban más unos a otros. Era otra forma de vida. Por ejemplo los veladeros, en Navidad...
J - Que ibas a las casas.
A - Ibas a las casas.
J - Los veladeros. Allá, me c..o en Diógenes. Ahora, a ver. Ahora ni se da.
R - ¿Cuántos veladeros habría en Sandoval?
A - No sé, pero varios.
J - Yo me acuerdo en tu casa, aquí donde..., que vivía ahí..., Amonario...
R - Amancio [Bartolomé González] [vivía ahí].
J - Donde el señor Emiliano, pues la gente... Igual iba este allí, como... Aquí en mi casa, ¿verdad?, me acuerdo que algunas veces se ha hecho.
A - Y donde Ángel.
R - ¿Qué Ángel?
A y J - El cantinero [Ángel del Val Saiz].
J - Tú le conocistes a ese.
R - Sí, sí le conocí.
J - Ya te digo. Allí, el uno llevaba un porrón o unas botellas de vino, el otro llevaba galletas, el otro llevaba pasas... Lo que dice este, hoy nada.
A - O turrón. O, si no, lo ponían entre todos.
J - Yo me acuerdo que la madre de este [por Alfonso], hacía unas pastas o no sé, buf, aquello era miga [estaba muy rico], aquello de los curas.
R - Una cosa, ¿los veladeros se hacían solo en invierno?
J - Sí, en invierno. En navidades, ¿verdad?
R - ¿Veladeros o veladores?
J y A - Veladeros, veladeros.
A - Aquí decían veladeros.
R - ¿Qué se hacían, solo en invierno o también en verano, no?
J - No, en verano no.
A - Era solo por las navidades.
R - ¿Y hasta qué hora se estaba por la noche?
J - ¡Uf! Pues se ponían igual a jugar a las cartas o yo qué sé. Pues yo me acuerdo de chavales, este y yo que estábamos siempre juntos decíamos «Pues hoy vamos a ir a dormir a tu casa». Y al otro día «Pues igual hoy vamos a dormir en la mía». Igual tú te marchabas a las dos de la mañana, pero porque te hacía ilusión ir a dormir con tu primo. Yo qué sé cuándo ibas [a qué hora].
A - De que se acababa la Navidad, después igual si que iba gente. Yo me acuerdo que mi madre pasaba a casa del señor Emiliano [Pérez González] a rezar el Rosario. También había costumbre. También en casa de la Pili [Rodríguez], [hija] el señor Onésimo [Rodríguez Rilova].
J - Me acuerdo yo de cuando tenía en la cuadra las mulas, con la María Jesús, tú y yo, y no sé si era la Isabel y la Tere que eran más pequeñas. Allá estábamos jugando por la noche, el uno al médico, el otro a... De eso me acuerdo, parece que lo estoy viendo.
R - De lo que no me he enterado muy bien es si solo se hacía por Navidad o...
A - Solo, solo.
J - Solo por las navidades.
A - El día de Nochevieja, Pascua [de Navidad]. No todos los días en navidades. Era en días determinados. El día de Nochevieja, ...
J - Sí, sí. Algún día de yo qué sé.
R - Eran días marcados.
J - Sí, marcados.
R - ¿Un sábado por ejemplo?
A - No.
J - No, no creo. Eran días marcados, Nochebuena, Nochevieja, igual los Reyes.
A - Era lo que eran las navidades, los días fuertes. O sea, el día de Pascua cada uno comía en su casa y en fin. Las mujeres se juntaban a rezar el Rosario. Aquí se juntaban, en la última ventana.
A y J - En la última ventana que tiene aquí Amonario, donde mete las manzanas.
R - ¿De quién era eso?
J - De tu abuelo.
J y A - Del padre de Amonario [Emiliano Pérez].
A - Ahí, primero, donde tienen ahora como un comedor, ahí era una cuadra y de la cuadra se pasaba a una estufa [cocina].
J - Pasabas de la estufa de las mulas [la cuadra, dice divertido] a ... [la otra estufa, la cocina]. Hay que joderse, mira tú qué apaños.
A - Escuchabas las noticias.
R - ¿La radio?
A - La radio, claro, porque no todo el mundo tenía radio. Rezaban el Rosario...
J - Y a casa.
A - Y a casa. Y ahí sí que normalmente, durante el invierno, sí que [se juntaban].
J - Todo el invierno.
A - Todo el invierno. Uno, dos, tres matrimonios, pero siempre los mismos.
R - ¿En varias casas?
J - Aquí en mi casa solía pasar la señora Martina, la Emiliana, no sé quién más. La señora Teodora, mmm, no sé.
R - ¿A rezar el Rosario?
J - A rezar el Rosario. Yo me acuerdo de chaval, que tenía ya doce años y estabas por ahí, e ibas allá a la ventana [lo dice en voz baja como imitando para que le descubran] «Están rezando, vamos a...» Y ya después, un poco más mayor, me acuerdo que teníamos una casa allá arriba de la Modesta, que era de mi abuelo y mi padre tenía novillos. Claro, mi padre no estaba los tenía que echar yo [el grano y el forraje]; veníamos por aquí, yo estaba escuchando, entraba despacio, despacio, cogía la llave y fss, y me subía para arriba. Y luego decía mi madre «¡Mira que no has venido!» y [yo] «Joer, y aquello [cuidar a los novillos] quién me lo hace» [por escaquearse de rezar el Rosario].
A - Y aquí, en la cuadra [de Amancio]...
J - Jo, buah, madre mía.
A - ¡No había gente ahí! [mucha] Era casino.
R - ¿Donde el señor Amancio?
J - Era casino.
R - ¿Era casino?
J - ¡Qué va! Le llamaban el casino.
A - Le llamaban el casino
J - Allí venían, eso te digo, catorce o veinte [personas] igual siempre estaban allí, por lo menos. A echar al subastado, jugaban al subastado, a la treinta y una.
A - A las cinco y media, a las siete y media. [juegos de cartas]
J - Yo me acuerdo que la señora Emiliana [González Gutiérrez], que se llamaba, solía pasar donde mi madre y, hala, todos allá en la cuadra. A las ocho a pelar las patatas para hacer la tortilla. Porque esa mujer, para cenar, siempre tortilla. Yo me acuerdo de chaval, porque otro chaval que era como nosotros, solía venir «Eh, voy donde Alejandro», ya estaba la Emiliana pelando  patatas. Unos tortillones preparaba del copón.
A - Ya no vuelven muchos tiempos. Y después de que pase esto, tampoco va a ser igual. Va a haber otro cambio, no sé si a mejor o a peor, pero otro cambio va a haber.
J - Nosotros ya no lo conoceremos. Rafa, mañana te contamos otra historia. Mañana te contamos la más juvenil.
R - Pregúntaselo a los chavales, si se lo pasan bien.
J - Ahora no saben. Si es que no saben ni divertirse [los chavales de ahora]. Yo creo, vamos.
R - Si estuvieras con ellos, te lo pasabas bien.
J - A ver, ahora, si no están en la ...a tele, como digo yo, ..., les ha comido el tarro la tele y no les digas... Les puedes comprar el juguete más ..., no hacen más que abrirlo le dan un par de vueltas, vaya, [y lo mandan] a tomar por c..o. A ver al chaval y al otro. Les tiene absorbido la tele. Los mayores pasamos el rato.
A - Ya, los mayores.
R - ¡Bueno!
J - ¡Venga! ¡A cenar!
A - Hasta luego.
R - Hasta luego.

11 de agosto de 2020

[hablando del trato con animales, potros de herrar y carretas]

J - [Santiago] Dijo «A este [carnero] me lo ventilo yo» Ay la hosti.. Me acuerdo que estaba allí, se pone allá Santiago, se lanza a por él, le agarró de los cuernos..., Santiago parecía una escoba, ¡pa pa!, ahí sale, me decía «Ay, a mí me...». ¡Por favor!, a tomar por c..o allá le mandó [a Santiago].
R - ¿Qué edad tendríais?
J - Pues doce años o diez. Le mandó allá a tomar por culo, que había siempre así de barro. Se hacía el chulo y, claro, era chico.
R - Un carnero tiene mucha fuerza.
J - Si le agarras de los cuernos, tú le puedes dominar bastante, pero coi, Santiago yo creo que se acojonó y ya podía más el otro. Nosotros descojonándonos. Él decía «Ay, señor Amancio, que este me mata, que este me mata». Nosotros descojonándonos de risa. A tomar por c..o que había ido [allá que le había mandado].
A - Y en el potro [de herrar] lo me más pillabas era mierda [de las vacas].
J - Ah, eso sí. A todas las entraba cagalera.
A - Las entraba cagalera porque comían mucho verdín. Como estaban colgadas [en el potro], se les iba [se cagaban], hacían así con el rabo, ¡buah!. Madre de Dios. [esparcían la mierda con el rabo]
R - Eso de cogerles con las pinzas el rabo, ¿fue allí en el potro? [sobre un caso que Alfonso había contado antes].
A - No, en Villavedón.
R - ¿Iba tu padre a los pueblos a herrar? [Andrés Pérez González]
J - A Villavedón, ¿verdad?
A - A Villavedón.
R - Villavedón y Sandoval.
A - Villavedón y Sandoval. Había ido a Palazuelos y Rioparaíso.
J - ¿Y en Palazuelos tenían potro?
A - Sí, en todos los pueblos.
R - Sí, en todos los pueblos. No era difícil hacerlos.
J - De Rioparaíso me acuerdo cuando iba a la carretera [donde de hacen carretas] a poner los aros y esas cosas. Y aquí, aquí también. Me acuerdo cuando los aros se sacaban del horno y lo metían en la rueda de madera y sssss [simula el sonido de hierro candente al ponerlo sobre la madera], hacía ppssss. Claro, es que un aro así de grueso meterle en un circo [círculo] de madera, rosiente [rusiente: que se pone rojo o candente con el fuego] que salía del horno ¡Brrr!, pegaba unas psiiiii.
A - Lo tenían calculado.
J - Ya luego, después, le metían en una pila, le daban vueltas y ya se enfriaba.
R - ¿Eso para poner el hierro a la rueda?
J - Sí, para ajustarlo.
A - Para meterle en caliente. Claro, después el hierro, al enfriar... Pero tenían eso, tenían ellos sus medidas, y decían «Si los záncanos (?) en redondo hacen tanto, pues hay que dejarle un milímetro y medio más grande al aro».
J - Yo no sé cómo lo hacían. Yo me acuerdo que tenían una pila allí y sin más, ¡Ras!
A - Llevaba mucho proceso, no era simplemente meterlo allí. Le tenían que redondear, pegar, ...
J - Que sí, que sí. Cuando le metían el aro en la madera de la rueda hacía psss.
R - ¿Esos yerros, los compraban a medida?
A - Ellos lo compraban, bueno, el padre de Salva [Eladio Pérez Peña] compraba, pues, tiras de acero ya calculadas para la rueda de un carro.
J - Claro. Si era así de ancho, pues luego eso, lo que fuera. Eso luego tenían que redondearlo, hacerlo redondito para meterlo en el redondo de la madera.
R - Para eso tenían que calentarlo.
J - Claro, en un horno arrosiente, salía aquello cuando, ¡uf! «¡Hala chavales!, quita que vamos a sacar...».
A - No dejaban entrar a nadie.
J - Yo, alguna vez, te digo que lo he visto.
A - Qué raro.
R - ¿Era peligroso?
A - Entrabas porque entrabas. Entraba con mi padre, pero no..., evitaban dejar entrar a nadie, porque el horno..., le sacaban del horno con unas barras de hierro.
J -  Unas barras de hierro. Unos tenazorros grandes, así.
A - Le dejaban caer y entonces, como con gatos iban presionando a meter las ruedas. Como te digo, igual el aro era un milímetro y medio o dos milímetros de más diámetro que la rueda.
R - Sí, para que al enfriarse se contrajera.
A - Y luego, ya en el agua, era cuando el aro psssss.
J - Se encoge.
A - A parte de eso, le clavaban, eh.
J - Sí, sí. Luego le hacían en la llanta un agujero y le clavaban a la madera.
R - Para que no se saliera para los lados, supongo.
J - Exactamente, para que no se saldría. Yo ya te digo que alguna vez me acuerdo de haberlo visto.
R - ¿Aquí en esta casa?
J - Eso lo hacía alla arriba. Allí tenían todas las herramientas, por la parte de atrás.
A - Allí tenían el horno y tenían todo.
R - ¿Calentaban con madera o cómo?
A - No, con paja.
J - No sé con qué lo hacían ¿Paja era?
A - Paja.
J - Yo, mira, [de] eso si que no tengo ni idea.
R - La temperatura tenía que ser...
J - No sé con qué lo calentaban.
A - Era paja. Ahora ya no sé si no me acuerdo, pero era paja. La paja tú vas metiendo, metiendo, metiendo, que no pierda llama y se ponía aquello al rojo vivo, eh. Y el agua lo sacaban del pozo de ahí.
R - ¿Fuente Val? [de Fuente Val no, no era un pozo, sino una fuente]
J - De ahí lo llevarían.
A - [Inaudible].
J - Donde tiene la huerta...
A - Donde la huerta.
J - Donde la huerta de este, abajo. Ahora, como han encementado todo... Porque antes eso era un..., había un hoyo ahí muy grande. Solo había un pasillo sobre la pared de la huerta de estos, así solo para pasar la gente. Además era todo como un yerbal.
A - Un bidón... Con el Joselito, doscientas mil veces. Lo llevábamos rodando. Tenía como dos arillos el bidón y rodando hasta la ¿finca?.
R - Joselillo, ¿quién es Joselillo?
J - Un hermano de Salva [José María Pérez Alonso].
A - Allí había una fosa de agua y lo llenaban así, de agua de ese pozo.
R - ¿Tu padre, qué función tenía en ello? [por el herrero, señor Andrés]
J - Pues, que les ayudaba.
A - Les ayudaba a pegar los aros, a hacer la circunferencia. Era más faena de herrero eso, que no de carpintero. Pero bueno, ellos [los carreteros] hacían las medidas, ya las hacían ellos.
R - Buenos carros, dicen que hacían, ¿no?
A - Mi padre, pues les ayudaba más a pegar los aros, ...
J - Joer, si una vez érate (?) yo en Vitoria, [uno] tenía una imprenta y cosas de esas, rollos y fui a hacerme..., no sé a qué fui, al DNI o la cartilla de la Seguridad Social. No sé si he entrado alguna vez más ahí en eso. Entro, sí, a llevar el carnet, el tío, venga a hacer así, «¿Qué verá en mí», decía yo. Conque viene y me dice: «¡Hombre!, usted es de Sandoval de la Reina», «Sí, sí», «El mejor carretero que había en la provincia de Burgos, Palencia y esos alrededores». Yo me quedé así y digo:..., dice «Mi abuelo y mi padre, los carros que tienen se los hicieron en Sandoval de la Reina», dice «Y sé dónde está el taller y todo. Según vas a la carretera..., además, la parada del autobús». Y ya, le pregunté, claro, el tío sabía tanto y era mayor que yo, sí, pero esto no te hablo de estos días ni de internet. Y me dijo que era de, ay, de un pueblo más alante de Alar [del Rey].
R - ¿Olmos de Ojeda?
J - Sí, puede ser. Y ya le dije yo, me dice... ¿Prádanos de Ojeda, puede ser?
R - Sí, también hay.
J - O Olmos de Ojeda, o Prádanos de Ojeda.
R - Hay varios "de Ojeda".
J - Me dijo que era pasado Alar. Y así, me salta el tío, me dice: «El mejor carretero que había en Burgos, Palencia y todos los alrededores».
R - ¿Ese quién era, un jefe tuyo?
J - No era un señor que  en Vitoria tenía una imprenta. Y claro, yo al ir, pues [no] sé en qué fecha, [para] hacerme una fotocopia del DNI o la cartilla de... No sé. Yo veía que tenía mi carnet y hacía así el hombre. Yo digo «¡Qué hostias verá!», yo di «Me c..o en Diógenes». Cuando viene y me dice: «Hombre, usted es de Sandoval de la Reina», digo «Pues, sí» «¿De Sandoval de la Reina?» Y ya fue cuando me dice eso «El mejor carretero que había...» No sé si me preguntaría si le ... No lo sé. Ya no me acuerdo, yo de eso. Dice: «En la provincia de Burgos, Palencia y todo alrededor».
R - Sí, yo había oído que hacía buenos carros.


 

 

 

 

con la colaboración de y el agradecimiento a Jesús Fontaneda y Alfonso Pérez
página creada el 14/05/2021