Toponimia en Sandoval de la Reina (Burgos)
1. Preámbulo
Los nombres de los parajes o partidas del término
municipal de Sandoval de la Reina, como es habitual en esta clase de
denominaciones o usos, responden a características o accidentes del
terreno: agua, alto, barranco, cárcava, cima, collado, coto, cuesta,
fuente, hoyo, llano, loma, nava, peñón, piedras, río, tojo, valle; a
fenómenos naturales de la vegetación: césped, chopo, endrino,
galapero o gadapero, mimbre, olmo, prado, rebollo, soto; a elementos
introducidos o hechos por los pobladores (camino, era, harrén,
pasadero, picón, puente, quintana, roza, senda, sendero, serna; a
cultivos especiales: ajos, grano, juncos, hierba (prado, pradal,
dehesa); a circunstancias relacionadas con animales (carnero,
comadreja, ganso, novilla, oveja, raposo). Otros responden a nombres
de personas (Fuente Vidales, Fuente Lázaro, NaveNoño...) o de
lugares, especialmente indicando la dirección mediante camino
o carre- o torlao: Amaya, Ampudia, Guadilla, Olmos,
Tapia, Villadiego,
Villavedón,
Villusto). Resulta difícil atribuir
una significación a algunos nombres, como Canoria, Ojadín, Ojalba,
Otúmbar, Valdemellín, aunque hay que confiar en lograrlo en
aproximaciones ulteriores.
Las fuentes de los topónimos que registramos han sido,
además de la tradición oral nunca interrumpida, los planos del
Servicio de Parcelación y el Registro de propiedades conservados en
el Ayuntamiento de Sandoval, que amablemente puso a mi disposición
el entonces alcalde, Santos Dehesa. Los mencionados planos contienen
lagunas y errores de bulto que se han tratado de colmar y corregir a
partir de los usos de los vecinos, que en sí mismos acarrean
inevitables deturpaciones.
La mayoría de los términos son claros, por responder a
formas castellanas que, o ya se aplicaron evolucionadas, o fueron
evolucionando con el habla a través de los siglos. Quedan, sin
embargo, algunos elementos arcaicos petrificados (como el femenino
de puente o la forma hont- por fuente), formas como «harrén»
o (h)arnajón, o muestras de antropónimos, los cuales podrían
ayudarnos a ofrecer al menos en hipótesis la fecha de la (re)población
de Sandoval. Pero es difícil fijar el momento cronológico de ciertos
cambios (como la pérdida de f- --en HontArias y en
Rehoyo), la yod en Huncares (por «juncares» o
«juncales»), o el paso de a a e en «harrén < herrén»).
Además, los antropónimos útiles para este propósito son pocos. Por
lo cual, a su testimonio deben sumarse otros datos. Como
antropónimos encuentro: Román, Pedro, Nuño, Mudarra, Arias,
Valentín, Vidales, Lázaro, Galindo y referencias al santoral (San
Juan, San Millán, Santa Lucía…). Los más significativos son Mudarra,
por remitirnos a la época de los cantares épicos, uno de los cuales
es el Cantar de los Infantes de Lara, no anterior al siglo X.
En consecuencia el nombre de Mudarra debió ser estimado y
frecuente hacia el año 1000. Arias era nombre común en el
siglo XI, como Nuño (que derivó a Noño, como en la aldea de
ese nombre, Villanoño, otrora perteneciente al municipio de Olmos de
la Picaza). Vidales es petrificación de la forma latina, en
genitivo, Vitalis (‘fuente de Vidal’). Formas latinas o
latinadas se mantuvieron bastante tiempo después de hablarse romance
(todavía hoy decimos Marcos, como antaño Pablos). En
conjunto, esos elementos arcaicos y los antropónimos nos remiten a
los siglos X-XI, el mismo período a que envían préstamos arábigos
como Almarnaza (si es ése su origen) y Jarama, los canecillos de la
Parroquia de S. Pedro y las noticias que tenemos de la atribución de
estos territorios a la familia de Fernán González desde mediados del
siglo X.
También, en su conjunto, los topónimos, por presencias
y ausencias, nos permiten reconstruir en parte las peculiaridades
que revestía el terreno cuando llegaron los (re)pobladores de
Sandoval, que disponían de una panoplia tradicional de términos
léxicos para aplicarla a esas particularidades. Está, en primer
lugar, el nombre del pueblo, que remite a una zona boscosa de monte
bajo, que confirman otros topónimos (Almarnaza, Arnajón, Carrijal,
Olma, Olmos, Rebollillos, “Robladilla”, Soto, Sotillos...). Si hay
referencias a unas especies arbóreas, faltan otras, como nogales,
avellanos, encinares... En ese bosque debieron efectuarse rozas,
para crear hazas y sernas. Había vegas y valles (Valdecilla,
Barcaval, Val de...), y eran muy abundantes las colinas o altos y
las cuestas (Alto, Loma, Lomillas, Costanas, Cuestas, Recuesto,
Cotorrillas, Cotorrillo, Tardováscones...). Zona característica era
la Nafría o Navafría. En conjunto, había muchos más elementos
arbóreos que ahora, como era de esperar. Y había abundantes fuentes,
de las que corrían arroyos. Etc. En suma, un lugar apto para
asentamiento de labradores y ganaderos.
continúa ...
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