|
Hace unos meses los poetas de
Burgos han rendido un homenaje de recuerdo y estima tanto por la persona
como por la poesía y lo que significó la obra de Bonifacio Zamora Usábel.
En
dicho acto se recordó su obra y el testimonio de poetas y sacerdotes
compañeros que conocieron y vivieron con don Bonifacio Zamora.
Yo
le tuve como profesor y le recuerdo como maestro de enseñar y respetar al
alumno. Sin duda, un maestro.
Don
Bonifacio Zamora bien se merece ese recuerdo y homenaje tanto a su persona
como a su obra. Su obra es estímulo para los sacerdotes de hoy, para
apreciar el valor de la palabra y el buen decir, y que vaya acompañada la
palabra con la elegancia de la vida, por su honestidad y coherencia. Don
Bonifacio Zamora tenía su elegancia en toda su persona, que certificó con
la palabra hecha belleza y verdad.
Él
cantó la belleza de toda nuestra diócesis, su naturaleza, el arte, los
frutos, a sus gentes, al invierno y al verano. Cantó las advocaciones
marianas de toda la geografía diocesana. Contó lo profundo de nuestra
entraña en todas sus facetas y actividades.
La
ironía hecha punta y lanza de verdad deja paz y limpieza en las cosas, y
sobre todo en las personas. Él nos enseñó lo bonito y el riesgo de la
palabra como compromiso de la verdad y del bien.
Don
Bonifacio Zamora nos enseñó a amar a nuestra tierra y a sus gentes, y nos
dejó el ejemplo de un buen sacerdote.
Y
lo hizo con esa frase latina que encierra el mensaje de la revelación que
fue hecha con "verbis et gestis".
Un
buen sacerdote que entró en la profecía con el buen decir de la
palabra.
Quiero
terminar con unos versos de don Bonifacio Zamora, diciendo gracias y
amén:
"Soñó
un poeta que eran dos plumas
-plumas
de plata y oro parecen-,
con
que en el libro del cielo escriben
sus
oraciones los burgaleses". |