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Romance
A LA MEMORIA DEL HÉROE MANUEL ORTEGA
CARPINTERO
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por D.
Bonifacio
Zamora Usábel
Su Biografía
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En Sandoval de la Reina
anda la gente al revuelo
de noticias alarmantes
y de trágicos sucesos.
Porque los sandovaleses
en los franchutes han hecho
buena matanza, imaginan
muy temerosos aquellos
que los gabachos se tomen
por la mano el escarmiento.
Se dice que en represalias
morirán, por los que han muerto,
diezmados todos los hombres
que ya diez años cumplieron.
Y es la verdad, que se vienen
hacia Sandoval corriendo,
pero la niebla les hace
medir los pasos, con miedo
de que en alguna emboscada
pueden hallarse de nuevo.
En un rebato de guerra
se despertó todo el pueblo:
llamadas y aldabonazos;
cabildos y cuchicheos…
¿Qué hacer en tales apuros
sino ganar tiempo al tiempo?
Proponen unos la fuga;
otros, salir al encuentro;
los más, resistir valientes,
ceder, cobardes, los menos.
Así las cosas estaban
por resolver, cuando un recio
sandovalés, aunque mozo,
cristiano de cuerpo entero,
MANUEL ORTEGA, que había
guardado un grave silencio,
dice de modo que todos
le estén escuchando atentos:
«Pues estamos desarmados
y vienen armados ellos,
temerario es el ataque
y el provocarlo de necios.
Que por todos uno muera1
paréceme lo más cuerdo,
y yo, voluntariamente,
para víctima me ofrezco.
Tan sólo una cosa os pido,
tan sólo una cosa os ruego,
si los franceses que vienen
aceptan mi ofrecimiento.
Cristianamente he vivido,
morir a lo mártir quiero;
mas, porque el alma se salve
de los suplicios eternos,
todos los años, tal día
como hoy en los venideros,
ante el altar de la Virgen
diréis una misa luego
por la salud de mi alma
y en memoria de mi ejemplo».
Y esto dicho, admiran todos
cómo se parte ligero,
como si fuera de plumas,
como si fuera de viento.
[Voz que]2
grita: «¡Hermano mío!».
Grita otra voz: «¡Detenedlo!».
Y aumentan el griterío
los familiares lamentos,
las lágrimas de las mozas,
las súplicas de los viejos.
Mas la voz del sacerdote
convence a todos diciendo:
«Nadie detenga a Manuel,
que va camino del cielo!».
Un tiroteo se escucha
cercano, rápido, seco…
Manuel Ortega caía,
blanco de aquel tiroteo,
y en Las Cárcavas3
le hallaban
aquel mismo día muerto.
Cinco amapolas de sangre
florecían en su pecho;
dos lirios4
entre los ojos
y un clavel entre el cabello».
Cada domingo del año,
desde aquel día siniestro,
van sendas niñas hermosas
por los dos barrios pidiendo,5
y, en cada puerta que llaman,
dicen con voces de cielo:
«Una limosna, por Dios,
para la misa de ruego».
El veinticuatro de marzo
acude a la misa el pueblo;
la víspera de decirla
la pregona el pregonero.
* * * * * |
1
Que por todos uno
muera:
siendo el autor presbítero, no es presunción ver en este verso una voluntaria
cita implícita del Evangelio según San Juan, 11, 50; 18, 14. Con este
paralelismo, el gesto redentor de Manuel Ortega adquiere grandeza sobrehumana.
2
En
el original se lee: Una voz grita. Pero el verso resulta hipermétrico. Y,
como no parece comprensible que saliera así de las manos de un autor de tanta
maestría, se atribuye al proceso de transmisión. Enmendado conjeturalmente,
aparece un quiasmo de gran efecto.
3
Las Cárcavas:
término del campo de Sandoval, que comporta una exacta descripción del terreno y
que incluso pudiera contener carga premonitoria (“nomen, omen”), pues
«cárcava» es: 1ª. Hoya o zanja grande que suelen hacer las avenidas de agua.
3ª. Hoyo en la tierra para enterrar un cadáver (Diccionario de la Real
Academia Española).
4
lirios:
como el contexto indica, no se trata de lirios blancos o azucenas, sino de
lirios de flores terminales grandes, de seis pétalos morados. La cuarteta está
formada por bellas metáforas muy sugestivas.
5
Los
dos barrios que forman el pueblo: el alto, llamado “La Granja”, y el
bajo, por situarse en su mayor parte en la hondonada de la corriente de agua,
antiguamente a cielo abierto, denominada “La Jarama”.
* * * * *
NOTA. El romance es recreación artística de un hecho
histórico: las represalias que un destacamento del ejército napoleónico tomó
sobre quien asumió toda la responsabilidad –fuera suya o compartida con otros
vecinos- de la muerte de algunas fuerzas de ocupación francesas en una
escaramuza o trampa. (Sobre estos hechos y su circunstancia, véase
C. García Pérez, Sandoval de la Reina y
sus fundadores, p. 137s.) Como novedad de su organización, el ejército
napoleónico vivía sobre el terreno de las obligatorias contribuciones y requisas
a los vecinos, añadidas al diezmo hasta entonces entregado a la iglesia,
adjudicado ahora al ejército invasor. Como causa del golpe de mano en Sandoval
no han de descartarse tampoco las consabidas tropelías o fechorías que suele
cometer todo ejército de ocupación o algunos de sus miembros. Transcripción,
comentario y notas de Julio
Alonso Asenjo, a partir de una copia del romance cedida por Aniano
Gutiérrez, descendiente de Juana, hermana del héroe cantado.
Agradecimientos: Aniano Gutiérrez.
Julio Alonso Asenjo, por la información, las nota al pie, el comentario final y
la idea sobre la composición.

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