El habla de Sandoval de la Reina (Burgos)
Julio Alonso Asenjo
PREÁMBULO.
1. Entiéndase por «Habla de Sandoval» las
peculiaridades lingüísticas de expresión de los de este pueblo que
se apartan tanto de la variedad castellana estándar, aun la
coloquial, sea como resultado de rusticismos y vulgarismos
(arcaísmos y deturpaciones peculiares), sea por preferencias de uso
o uso excluyente de una forma cuando el estándar admite varia(nte)s.
En un principio, la idea fue recoger en una selección
abierta a ampliaciones y correcciones, las peculiaridades del habla
“menos compartidas” y, por ello, en cierto modo “propias” dentro del
ámbito del dialecto castellano, conservadas especialmente entre los
hablantes más veteranos, incluso tras la generalización de la
instrucción, en peligro de caída en desuso tras la irrupción de
los medios de comunicación social, tras el fácil y acelerado
contacto con otras poblaciones del entorno, con personas del pueblo
emigradas y, lo que es más decisivo y triste, la drástica mengua
y virtual desaparición de la población estable en el pueblo.
Pero estas variantes y peculiaridades difícilmente
pueden estimarse elementos exclusivos mientras no se lleve a cabo un
estudio de los usos de la comarca y de cada uno de los pueblos del
contorno. De un contorno amplio, parcialmente realizado ya para
algunos pueblos. Así que el habla aquí reseñada coincidirá (coincide
en realidad) en muy alta proporción con la del antiguo arciprestazgo
de Campo o comarca de los Campos de Amaya,
ahora
Odra-Pisuerga, y con las hablas de
las comarcas palentinas de la Valdavia y la Ojeda, hasta Saldaña y
el Cea,
de la Montaña palentina, e incluso con las del Bajo Campoo y Valderredible en
Cantabria, así como también con las de la Montaña de Burgos
(Quintanas de Valdelucio, Lora... ) y las del valle del Odra y
Odrilla y cuenca del Bajo Arlanzón.
Es, pues, prácticamente imposible en este momento
establecer “lo único y exclusivo” del habla de Sandoval, como puede
deducirse ya de estudios impresos y, más recientemente, de los datos
recogidos en Internet de varios pueblos circunvecinos y otros que
comparten la mayoría de sus rasgos con los del habla general de
Castilla la Vieja, primero; de León y Asturias, después, e incluso
con Navarra (especialmente en la Ribera). Con estas últimas hablas,
como con las de Aragón, tiene el habla de Sandoval en común varios
términos, como abrigaño, aldrede, chiflar, enguila, jersé,
pincha, quitameriendas, tapaculos, tentenublo... Pero, al mismo
tiempo, presenta usos distintos a los comunes del romance de la
antigua Tarraconense e incluso en Soria.
Así, en el léxico de Navarra (Vocabulario
Navarro
de J. Mª. Iribarren, 2ª. ed. preparada y ampliada por R. Ollaquindia,
Pamplona, 1984),
se ven también aragonesismos y catalanismos,
sin posible equivalencia castellana, como devantal por
«delantal», empreñar por «molestar», fiemo por
«estiércol», forgueta por «tenedor», sargantana por
legaterna, ligaterna o lagartija, etc. Por todo lo cual, con “Habla
de Sandoval” nos referimos a los usos propios, generalmente
compartidos con los pueblos circunvecinos y sus comarcas, entre los
cuales, como fruto del estudio comparativo, quizá llegue alguno a
destacar y pueda estimarse exclusivo.
De otros estudios sabemos que lo propio o exclusivo de
un habla como la sandovalesa podría manifestarse casi únicamente en el
nivel léxico o fraseológico. Aun así, parece conveniente presentar
los rasgos más característicos del habla de Sandoval en otros
niveles lingüísticos, el fonético o morfosintáctico. Y aun en la
imposibilidad de lograr rasgos exclusivos de esa habla en el nivel
más propicio para ello, que es el léxico-semántico, se expondrán
aquellos que al menos puedan también aquí caracterizarla o
describirla en su apariencia peculiar y significativa, entre los que
habrían de hallarse los exclusivos y definitorios, si los hubiere.
2. Pero, tras la exposición de la primera versión de este estudio y
listado en la página digital que por el pueblo mantiene en Internet
la “Peña Sandovale”, lo que a los escasos hablantes de esta variedad
lingüística interesa, más allá de su forma, es su referencia a
actividades y trabajos; a costumbres y usos del pueblo, más de
antaño que de hogaño; a experiencias personales y grupales que se
vivieron asociadas a palabras y frases; a expresiones que resumen y
rezuman vivencias de la vida personal en sus distintas fases y de
experiencias colectivas. Por eso interesan no sólo las palabras
comunes, sino también la referidas a nombres de lugares o parajes
(topónimos); los apodos de los pueblos circunvecinos; nombres
usuales y repetidos de animales o expresiones a ellos dirigidas;
nombres de oficios y actividades otrora comunes; expresiones,
locuciones, dichos y refranes de amplio y común uso; coplas o
cantares asociados a circunstancias sociales. Todo ello merece
conservarse como se transmiten de generación en generación objetos
relacionados con la vida íntima, familiar o entrañable. Por eso no
importa si muchas palabras o expresiones recogidas son también de
uso general entre los hablantes castizos del castellano o español
(lo que, a ser conocido, se señalará por algún medio, especialmente
mediante la referencia al Diccionario de la Real Academia
Española –DRAE—, disponible para consulta en la Red). Importa,
sobre todo, ofrecer palabras o expresiones sentidas como cifra de
experiencias personales o de grupo, que, condensadas en el habla,
pueden destilar vida. A favorecer este deseo y afán (más allá de la
aportación a científicos, a quienes pueda servir para sus nobles
objetivos), se dedica lo que sigue, a modo de relicario que permita
re-vivir e, insistiendo en la etimología de la palabra, re-cordar
--‘des-cubrir en el corazón’-- la carne y la vida de un pueblo en
palabras.
continúa ...
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