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A C T O P R I M E R O
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---- Cuadro Segundo ----
Al levantarse el telón, aparece la misma habitación que en el cuadro
anterior. En escena Dª Beatriz y Dª Inés, damas de la reina.-
Escena 1ª
Beatriz e Inés, damas de la Reina
Inés.-
Os digo la verdad, doña Beatriz, mas no comprendo cómo nuestro rey
Alfonso, que gloria haya, obligó a casar a su hija con el Rey de
Aragón.-
Beatriz.- No; la idea de nuestro augusto soberano, que Dios
tenga en su gloria, era muy acertada y ¡ahy
no es nada unir los dos reinos de Castilla y Aragón y los dos en uno
solo luchar en contra de la morisma infiel? ¿No veis lo acertado de
su ideal?.-
Inés.- Sí, pero lo que me extraña es que él, tan prudente
siempre y con una inteligencia tan despejada, no viese venir todo lo
que el mundo veía: que D. Alfonso de Aragón con su orgullo y su
ambición habría de querer dominar a su antojo a Castilla,
importándole un bledo el que para ello tuviera que menospreciar,
ultrajar y hacer sufrir a su esposa, nuestra querida reina.-
Beatriz.- Es verdad; mas todos nos equivocamos alguna vez en
la vida y las equivocaciones se pagan.-
Inés.- ¡Y cuánto no habrá tenido que sufrir muestra augusta
señora con esa equivocación!.-
Beatriz.-
No me lo recordéis. Aun me parece que la estoy viendo cuando el
señor de Sandoval, recién liberada del castillo de Castelar donde su
esposo la tenía prisionera, la depositó en mis brazos completamente
demacrada, el pelo alborotado, los ojos desencajados, las ropas
hechas jirones. Tanto es así que, para que pudiese cubrir sus
carnes, que se la veían por doquier, el conde tuvo que cubrirla con
su capa. Y qué grande, qué maravillosa la hazaña del conde. Cuando
se entera de que la reina está prisionera, reúne secretamente sus
tropas, aprovecha las sombras de la noche para, a marchas forzadas,
a toda prisa, plantarse ante los muros de la fortaleza de Castelar.
Da la orden de ataque y él el primero salta los fosos, trepa a las
almenas, destruyendo y matando a cuantos se quieren oponer a su
paso. No hay quien pueda doblegar su fuerte brazo; su espada penetra
una y otra vez en los cuerpos de sus enemigos, sin que haya nada que
pueda resistir su indomable valor y su arrojo temerario; y haciendo
alfombras con los cadáveres de sus enemigos, baja a las mazmorras y
allí, en oscura prisión que rezuma agua por todas partes, sin luz ni
sol, tirada sobre malolientes pajas, está la reina de Castilla. Se
queda extasiado viendo su reina; la contempla con amor; la besa con
dulzura; la cubre con ternura; la coge en sus brazos con mimo; la
sube a la grupa de su caballo y la trae aquí, a su palacio de
Burgos.-
Inés.-
¡Qué grande es el señor de Sandoval!.-
Beatriz.- ¡No para ahí el buen conde! Reúne a la nobleza
castellana; les hace ver la infamia de que ha sido objeto la reina y
con ella todo su reino; y entonces los nobles todos juran morir
antes que su reina sea nuevamente ultrajada; reúne sus tropas y
marchan en busca del Rey de Aragón, con quien al parecer han trabado
ya combate.-
Inés.- Sí. Y por ello se ha retirado nuestra Señora al
oratorio, para, en fervorosa oración, pedir a Dios el triunfo de sus
súbditos...
(Se oyen pasos.)
Beatriz.-¡Chist! Callad. La reina se acerca
(las dos hacen una inclinación de
cabeza, al mismo tiempo que dicen:)
Escena 2ª
Dichas y Urraca
Ambas.-
¡Señora!
Urraca.- Mis queridas damas, os ruego que permanezcáis a mi
lado hasta ver el resultado de la batalla.-
Beatriz.- Señora, tener por seguro que lo mismo en la
grandeza que la adversidad para nosotros será una dicha estar junto
a vos.-
Urraca.- ¿Qué pasará, Dios mío?.-
Inés.- No os acongojéis más, Señora, y estad segura de que
Dios no permitirá nuevos infortunios.-
Urraca.- Si eso fuera verdad...... .-
Escena 3ª
Dichas y Nuño
Nuño.-
(Desde dentro:)
¡Victoria! ¡Victoria!
(Entra Nuño corriendo y se pone a los pies de la reina:)
¡Señora, mi corazón rebosa alegría y mi lengua no encuentra palabras
suficientes con que expresaros la gloria de este día, al comunicaros
el triunfo de Castilla sobre Aragón.-
Urraca.- Gracias, Dios mío. Levantaos, Nuño.-
Nuño.-
(Se levanta.) Hoy es el día más grande de la historia de Castilla.-
Urraca.- Decidme Nuño, ¿Qué ha sido del señor de Sandoval?.-
Nuño.- No lo sea, Señora. En lo más recio del combate le vi
rodeado de enemigos, repartiendo tajos a diestro y siniestro; cada
vez que su brazo se movía un enemigo de Castilla quedaba fuera de
combate; por donde él pasaba las filas del enemigo se clareaban.
¡Qué grande y esforzado es D. Gómez!
Urraca.- Es verdad Nuño.-
Nuño.- Los avatares del combate hicieron que tuviera que
separarme del señor de Sandoval y, al ver la derrota del enemigo, he
corrido para comunicaros la fausta nueva, no sin antes haber
encargado a Hernán que indagase el paradero de D. Gómez.-
Urraca.- ¡Que Dios le proteja!.-
Escena 4ª
Dichos y Hernán
Hernán.-
(Entra corriendo y se postra a los pies de la reina:) ¡Señora, vuestro súbdito más fiel
hubiera preferido morir en el combate
antes de ser portador de tal infausta noticia.-
Urraca.- ¿Qué pasa, Hernán? ¿Acaso D. Gómez......?.-
Hernán.- Mi lengua tenía que haber enmudecido antes que
comunicaros la triste noticia de que ¡D. Gómez ha muerto!.-
Urraca.-
(Llorando:) ¡Dios mío! ¿Porqué me abandonáis así?... ¿Cuándo os vais a cansar
de mandarme infortunios?... ¿Qué va a ser de mí sin D. Gómez?...
¿Quién me defenderá ahora?... Nadie... sola una... sola...
(Pausa.) En verdad que, ahora más que nunca, Sandoval, serás ¡SANDOVAL DE
LA REINA!
T E L Ó N
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