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Sotovellanos naturaleza
viva
A 15 km. de Sandoval de la Reina, pertenece al
municipio de
Sotresgudo.
Sotovellanos: lugar y municipio de
España, provincia de Burgos, del
Partido Judicial de Villadiego. En 1957 tenía 135 habitantes.
Fuente: Diccionario
Enciclopédico Abreviado - 7ª edición - Espasa Calpe S.A. - 1957
Hoy tiene 38 habitantes censados.
El municipio de Sotovellanos
se extingue y su territorio se incorpora a Sotresgudo el 16/07/1973.
Julio apunta la posible
etimología de su nombre:
‘soto de ¿avellanos’, ‘de abejas o avellas,
o de apicultores.'?
Junto a Sotovellanos hubo un convento
(pacto monacal de Santa María de Sotovellanos, 1044)
No es una afirmación banal, calificar a Sotovellanos de
lugar de
naturaleza viva.
Lo coqueto y bien cuidado de sus huertas, su vegetación silvestre y sus
arboledas de encinas, pinos y álamos entre otras especies, hacen de
Sotovellanos un espacio excepcional y especial para el disfrute del campo. Lugar
tranquilo, limpio y límpido, con gente excelente. A 6 kilómetros de Herrera de
Pisuerga, por donde, ya dentro de poco pasará, la Autovía Cantabria - Meseta
Norte, es algo distinto para conocer.
Ahora en primavera está exuberante.
Solo te pedimos que respetes su tranquilidad, el lugar y la naturaleza pues aquí
las infraestructuras turísticas son inexistentes ... y a disfrutar.
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El adobe forma parte de la arquitectura rural de la
comarca.
Sotovellanos es un ejemplo de arquitectura popular en adobe, muy bien conservada
en general y bien cuidada y valorada.
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Esta casa, enlucida en el
exterior en
su día, vuelve a mostrar hoy el adobe original de sus paredes.
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La tapia que cierra el recinto, la casa grande, la caseta,
hacen intuir el espacio
íntimo y a la vez compartido de los
dominios privados de los habitantes.
Dos pilones con lavadero. El que
está camino de la iglesia:
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Y el de los dos caños:
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Y una alberca al pie de las
huertas de la vaguada
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La ermita
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Rincones
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¿Una chimenea en una acera?
Seguro que algún vecino de Sotovellanos podrá aclararnos este misterio.
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Una buena gestión de los recursos naturales
permite que la saca de madera para usos domésticos
pueda ser igual o inferior a la producción
lo que favorece su adecuada conservación.
En la fotografía, pila de madera de encina, en Sotovellanos.
Sotovellanos,
naturaleza viva
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Avellanos no podían faltar ¿y colmenas?
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Sotovellanos con monte, ya lo dice el relato
La frontera de Royales.
El potro, en esta comarca, era un elemento esencial en los
pueblos.
Para el herrado de los animales de trabajo, vacas y bueyes, o para otras
operaciones de "mantenimiento" o curativas a realizar con ellos.
Después se usaron para curar animales de producción de leche, carne o mixtas,
para su sujeción en cura de pezuñas, etc.
Cuando dejaron de usarse se fueron degradando poco a poco y
hay ya muchos destartalados o que incluso han desaparecido.
Invitamos a Sotovellanos y a otros pueblos a restaurarlos y
protegerlos.
Es barato y mantiene parte de la memoria de otros tiempos.
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La Iglesia
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Despedida
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A 15 km. de Sandoval

© Fotos tomadas el 30 de
abril de 2006
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Inocencio López Santamaría, natural de Sotovellanos,
fue prelado de Bom Jesus do Piauí y obispo titular de Trebenna (ambos en
Brasil)
Nació el 28 de diciembre de 1874 en Sotovellanos (Burgos, España) y
falleció en en 1958 en Piauí (Brasil).
En 1918 la Orden mercedaria era gobernada por el Revmo. P. Inocencio
López Santamaría en calidad de Vicario General; residía en Roma.
Semblanza
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José Herculano de Negreiros
Rafael, sou um sacerdote brasileiro,
nascido em São Raimundo Nonato, Piauí; atualmente moro em São Paulo.
Quando de menino, conheci Mons. Inocêncio López Santamaría, que
inclusive me ministrou classes antes de eu ir para o Seminário. Mais
tarde me tornei religioso mercedário e estudei na Espanha. Tive a
alegria de ter estado algumas vezes em Sotovellanos.
Em março deste ano, completaram-se 50
anos da morte de Mons. Inocêncio, cujo acontecimento foi comemorado, no
Piauí, com celebrações especiais, em virtude do povo tê-lo ali como
santo.
Por este motivo, preparei o último
número da
revista MERCÊ (publicação trimestral da Província Mercedária do
Brasil) com uma matéria especial sobre Mons. Inocêncio. Tenho a alegria
de estar enviando pra você este número especial. Inclusive foi para mim
uma surpresa agradável ter descoberto o seu site na internet e nele
algumas referências feitas por você a Mons. Inocêncio e seu povo
Sotovellanos. Utilizei algumas das suas fotos sobre o Povoado e mesmo
alguma informação para enriquecer minha matéria.
Agora estou acabando de escrever um
“libelo” que deverá ser enviado a Roma, como também ao Bispo de São
Raimundo Nonato - Piauí, em vistas a se iniciar o processo de
Beatificação de Mons. Inocêncio.
Espero que goste do material que lhe
estou enviando e inclusive o divulgue, em espanhol, a todos os amigos
que visitem o seu site. Por outro lado, gostaria de contactar mais com
você que certamente poderá até estar me ajudando com algumas informações
e mais ilustrações sobre Mons. Inocêncio para a biografia dele que quero
lançar até o final deste ano.
Pe. José Herculano de Negreiros
Pároco em Ibaté-SP
3 de abril de 2007
Transcripción al español:
Rafael, soy un sacerdote brasileño, nacido en
São Raimundo Nonato, Piauí;
actualmente vivo en São Paulo. Cuando era pequeño conocí a Monseñor
Inocencio López Santamaría, que incluso me impartió clases antes de ir
yo al seminario. Más tarde me hice religioso mercedario y estudié en
España. Tuve el placer de haber estado algunas veces en Sotovellanos.
En marzo de este año hizo 50 años de la muerte de
Monseñor Inocencio, cuyo aniversario fue conmemorado en Piauí, con actos
especiales, pues el pueblo lo tiene allí como santo.
Por este motivo preparé el último número de la
revista MERCÊ
(publicación trimestral de la Provincia Mercedaria de Brasil) con un
asunto especial sobre Mons. Inocencio. Tengo el placer de enviarle este
número especial. Incluso fue para mi una sorpresa agradable descubrir su
sitio en Internet y en él algunas referencias hechas por usted sobre
Mons. Inocencio y su pueblo, Sotovellanos. Utilicé algunas sus fotos
sobre el lugar e incluso alguna información para enriquecer mi materia.
Ahora estoy acabando de escribir un "libelo" que
deberá ser enviado a Roma, así como al Obispo de São Raimundo Nonato -
Piauí, con vista a la iniciación del proceso de Beatificación de Mons.
Inocencio.
Espero que le guste el material que le envío y
que incluso lo divulgue, en español, para todos los amigos que visiten
el sitio de Sandoval de la Reina. Por otro lado, me gustaría contactar
más con usted que sin duda me podrá ayudar con algunas informaciones y
más ilustraciones sobre Mons. Inocencio, para su biografía que quiero
publicar también a finales de este año.
Pe. José Herculano de Negreiros
Párroco de Ibaté - São Paulo
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Revista
MERCÊ - Nº 13 /
Marzo de 2008
Publicación de la Familia Mercedaria de Brasil
Edición especial dedicada a Don
Inocencio López Santamaría
Transcripción al español de algunos contenidos de la revista sobre D.
Inocencio.
EDITORIAL
Con motivo de los 50 años del fallecimiento de Don Inocencio López el
próximo día 9 de marzo, el pueblo de San Raimundo Piauí, donde Inocencio
vivió 28 años, quiere celebrar su memoria y su gran perfil de hombre de
Dios y de la Iglesia. A pesar de ser Brasil una nación arraigadamente
católica, no ha resaltado a las virtuosas figuras de su Iglesia. Tal vez
por eso se ha prestado poca atención a la dimensión histórica del papel
religioso misionero de Don Inocencio. Existe una deuda en relación a la
figura de este hombre. Él enriquece la historia de la Orden Mercedaria,
de España, del Piauí, de la acción misionera de la Iglesia en Brasil.
Fue el alma del pueblo de la región agreste piauense y continúa vivo en
su memoria. Hombre de amplia visión, de valor y determinación para
enfrentar los obstáculos, siempre que sentía que era voluntad de Dios o
necesidad de alguien. Vivió de manera extremadamente sencilla, pero al
mismo tiempo fascinante y encantadora.
La revista MERCÊ aborda con relieve la figura de este hombre de Dios. Y
quiere hablar un poco de como fue la trayectoria de Don Inocencio hasta
su fallecimiento en 1958. Así usted, lector, al recorrer las páginas de
este número de MERCÊ vivirá con certeza al lado del misterio de su
persona, cuya vida iluminó la caminata de la Iglesia en la región
piauense, en aquel momento.
Por otro lado, se trataran otros temas ...
Fr. José Herculano, O de M.
Director de Redacción
ESPECIAL
"TU NOS PASCE NOS TUERE"
Tu nos apacientas y nos gobiernas.
D. Inocencio López Santamaría, Obispo de la Prelacía de Buen Jesús /
1931 - 1958
Del chaval más pobre de su pueblo al prodigioso estudiante mercedario.
El próximo 9 de marzo el pueblo católico de Piauí estará conmemorado los
50 años de la muerte de una figura religiosa que el pueblo aclama como
santo: Don Inocencio López Santamaría. Pasado medio siglo de su muerte,
su figura continúa impregnando de fe y esperanza la sensibilidad
religiosa de aquel pueblo, que le atribuía buena parte -la mejor parte-
de su conciencia moral, social y religiosa. Durante tres décadas, en
aquel terruño él irradió la luz de la fe y del progreso.
Inocencio nació en Sotovellanos, un pequeño y desconocido pueblo de la
provincia castellana de Burgos, España.
Fue uno de los cinco hijos de la casa más pobre del lugar. Sus cuatro
hermanos fueron víctimas de la mortalidad infantil. A los 16 años,
atraído por el trabajo vocacional de los mercedarios que se esforzaban
por restaurar su Orden en España, Inocencio se hizo mercedario. En una
trayectoria rápida y luminosa recorrió los caminos académicos y de
gobierno en su Provincia Religiosa. Apenas recién cumplidos 23 años de
edad, recién ordenado sacerdote, fue nombrado preceptor de novicios,
cargo entonces reservado a los sabios y prudentes religiosos de una
Orden o Congregación. Fue designado sucesivamente para los cargos de
Comendador de los Conventos de Sarriá y de Poyo, en Galicia; Consejero y
Vicario en Madrid; Vicario de la Provincia Mercedaria de Castilla.
Después, la Santa Sede lo nombró Vicario General de la Orden Mercedaria.
Cinco años más tarde fue elegido Maestre General de toda la Orden en el
primer capítulo electivo celebrado en 85 años, en el largo proceso de
restauración religiosa en Europa.
De espíritu impresionantemente vivaz, creativo y diligente en
tratamiento de cualquier problema, Inocencio era, por otra parte, un
hombre tranquilo y de profunda serenidad en el hacer y en el hablar. Un
hombre sin angustias, sin ansiedades, capaz de neutralizar los efectos
de cualquier revés y tranquilizar los ánimos más exaltados, a penas con
su presencia irradiante de candidez, de paciencia y de comprensión.

Inocencio, siendo Maestre General,
visitando el Convento de las Mercedarias
de Bérriz (España). 1921.

En Sotovellanos, el 26 de octubre de 1930.
Don Inocencio, recién nombrado prelado del Piauí
visita su pueblo y hace un discurso para las
autoridades y para sus vecinos.

En Sotovellanos, junto a
su anciana madre y
paisanos.
El religioso y el padre, el ministro general de
la Orden
Como General de la Orden Mercedaria recogió las muestras de júbilo y de
cariño de varios sectores de la Iglesia, especialmente de los
relacionados con la Orden. Fue distinguido por una consideración
personal, por los Papas Benedicto XV y, más tarde, Pío XI, quien, en
1930, lo nombró obispo de una inmensa región del Piauí, la segunda
jurisdicción eclesiástica disgregada de una única diócesis que
comprendía entonces todo el Estado y que había sido creada por su
antecesor y confiada a la Orden Mercedaria.
Hoy Piauí solo forma el Regional Nordeste 4 de la Conferencia Nacional
de Obispos de Brasil, con siete diócesis. Un siglo atrás no era así.
Apenas existía la provincia eclesiástica de Piauí con sede en Teresina.
En 1914 el obispo de Piauí, D. Otaviano Pereira sintió la necesidad de
crear una Prelacía en el sur del Estado para atender mejor su vasto
territorio, mayor en extensión que el Estado de Sâo Paulo (251.311,5 km2).
La Santa Sede, a través de D. Otaviano tuvo noticias de las dificultades
para encontrar religioso que administraran la Prelacía. En aquel momento
el Maestre General de la orden de las Mercedes, estaba en Roma, el Padre
Inocencio, eximio latinista y amigo del entonces Papa Benedicto XV. Éste
en mayo de 1921 aquella misión a los cuidados de la Orden Mercedaria. El
Padre Inocencio, que ya estaba decidido a fundar una misión en Asia o en
África en nombre de la Orden, aceptó la Prelacía de Piauí y presentó
como primer prelado a D. Pedro Pascual, que permaneció allí cuatro años,
desde junio de 1922 hasta mayo de 1926, cuando falleció en España. En
noviembre de aquel mismo año la Santa Sede nombró para sucederlo a D.
Ramón Harrison, chileno, que tomó posesión un año después y permaneció
en el cargo solo 22 días, cuando fue atacado por una grave enfermedad y
regresó a su país. En agosto de 1930, D. Inocencio fue nombrado tercer
obispo de aquella Prelacía.
El sudeste de Piauí vivía todavía entonces sumergido en un total atraso.
A pesar de considerarse como una región del nordeste, su vegetación es
predominantemente del dominio fitogeográfico del Cerrado y en parte del
dominio fitogeográfico de Caatinga. El clima es tropical cálido. El área
más al sur (actualmente diócesis de Bom Jesus) está regada por
algunos ríos de curso permanente. Sus tierras son, generalmente,
fértiles y de bellísimos paisajes.
El obispo misionero en la región piauense
Fue en esta región, casi tan grande como Portugal (89.866 km2), sumida
en la más total y absoluta pobreza y abandono en la que Don Inocencio
acumuló un profundo e inmenso conocimiento del sentimiento del hombre
del nordeste y su amor inagotable por lo pobres de la enorme Prelacía,
donde, durante 28 años habría de consumir, en la dedicación y en la
oración, el resto de su vida.
Sistemático, organizado y puntual, no era, sin embargo, esclavo de la
rutina. Su pequeña y humilde sala de trabajo en una casa de planta baja,
de las más modestas de la ciudad, donde vivía, estaba junto a la
entrada. Al llamar a la puerta, él mismo la abría decenas de veces al
día. Generalmente eran pobres que se acercaban para pedir una bendición.
Las limosnas y bendiciones las acompañaba D. Inocencio siempre de un
pequeño diálogo, de su continua y atrayente sonrisa, de las caricias de
sus manos blancas llenas de ternura.
En la ciudad todos le amaban y veneraban. Sentían como una especie de
orgullo por su persona. En toda la casa ya le tenían por santo y parecía
imposible pensar lo contrario. A los niños se les enseñaba en casa que
ser santo "era ser así, como D. Inocencio". Todos se acercaban a él como
a un padre, un amigo. Y él acogía siempre paciente, comprensivo. La
ciudad jamás olvidará aquel bulto blancucho, atravesando tranquilo
varias veces al día y rodeado de niños aquella plaza de la matriz de San
Raimundo nonato.
De pluma ágil y expresiva, pasaba horas escribiendo cartas para
religiosos y religiosas, obispos, autoridades civiles, gobernantes,
redactando cartes pastorales y directorios religiosos, o arrodillado
durante larguísimas horas de meditación delante del altar, o delante de
una cruz que presidía su escritorio. Pero no regateaba en gastar buena
parte de su tiempo contando historias o haciendo bellísimas y
pedagógicas catequesis, para todo y cualquier grupo de chavales de la
calle que llamasen a su puerta para besarle el anillo y pedirle un "santiño".
Un hombre de oración
Poseía un corazón lleno de Dios y lo irradiaba en todo lo que hacía. En
sus gestos moderados, en la suavidad de las palabras, en su semblante
sereno, en la sonrisa límpia, en el éxtasis de la oración, en todo
emitía lo sobrenatural.
No cedía en cuanto al largo horario cotidiano de oraciones. En 28 años,
sin falta, más que la impuesta por viajes o enfermedades, despertaba a
las cinco de la mañana. Rezaba con religiosos las oraciones del Oficio
Divino y celebraba para las religiosas la Eucaristía. Las horas
canónicas, la visita al Santísimo Sacramento y el ejercicio vespertino
del rosario eran celebrados tan invariablemente, como el rito diario del
nacer y ponerse el sol.
Funda un seminario y una congregación religiosa
Desde el principio de su gobierno en la Prelacía estimuló para enfocarse
hacia el sacerdocio a un buen número de rapaces de la ciudad. Compartía
con otros padres el programa de aulas y de formación de los jóvenes
seminaristas. Los resultados fueron los esperados. Varios sacerdotes
nativos pasaron a formar la bella corona de su propio sacerdocio. Fundó
allí, en 1938, con una religiosa argentina, Lucía Etchepare, una
Congregación religiosa femenina, para el servicio de misiones de su
Prelacía. El Espíritu Santo la hizo crecer y hoy esta Congregación se
extiende por varios Estados de Brasil y del exterior, aumentando la
ramificación de la Familia Mercedaria y prestando un gran servicio a la
Iglesia.
Los desafíos para llegar a los más lejanos
Penetrando por matas y bosques espinosos, exponiéndose al calor
despiadado, recorrió varias veces a caballo, durante sus 28 años de
obispado, las extenuantes distancias de 400 leguas (2.400 km) de su
Prelacía. Estos viajes son los que minaron su salud de hierro con una
prostatitis que le llevaron varias veces en los últimos años de su vida
a las mesas de operación y a la muerte a los 83 años de edad. Pero estos
viajes fueron también responsables de su compromiso con la causa de los
pobres y su extraordinaria identificación con la cultura de aquella
gente.
Preocupación con los pobres y lucha por la
prosperidad social
Don Inocencio sufría con los horrores del hambre y de la inhumana
situación de pobreza de la población, con la alarmante miseria mantenida
por las estructuras sociopolíticas del País, y especialmente de aquella
Región. Pero no se intimidaba, ni se encerraba en esquemas conformistas.
La lucha por la supervivencia de aquella gente era señal de esperanza de
que era posible mejorar de vida. Él escuchaba, preguntaba, discernía y
asumía compartir con el pueblo. Repasaba su convicción de que Dios
quería lo mejor para aquel pueblo y apostaba por buscar salidas. De
extraordinario sentido práctico, se lanzaba a la lucha. Instaba cerca de
las autoridades federales, estatales y locales la apertura de
carreteras, perforación de pozos y construcción de embalses; y con sus
parcas economías y limosnas que le enviaban desde España, promovía la
creación de escuelas y la preparación del personal para la tarea de la
educación de la juventud.
El Santo. Sus 28 años de trabajo, su enfermedad
y su muerte
En 1955, al celebrar 25 años de episcopado, Pío XII le escribe diciendo:
"En este acontecimiento se nos brinda la ocasión de demostrar
públicamente nuestra benevolencia para contigo, Venerable hermano, más
aún cuando sabemos que, a pesar de tu avanzada edad, continúas
incansable trabajando. Nos nos congratulamos contigo, de todo corazón
por haber portado el bastón episcopal tanto tiempo y tal útilmente".
En la misma ocasión también el gobierno español le concedió la
encomienda de la Orden de Isabel la Católica, que le fue impuesta por el
Cónsul de España en Salvador de Bahía.
A estas alturas, Don Inocencio estaba apenas a tres años del final de su
carrera y de su vida. En su Prelacía y por todas partes crecía la
veneración y el amor por él y por su obra. A finales d 1957, su salud
quedó gravemente comprometida. Llevado a Salvador, allí fue internado en
el Hospital Español.
En sus últimos días manifestó el deseo de morir "entre el pueblo". Ya no
hubo tiempo. El día 9 de marzo de 1958 falleció entre obispos,
sacerdotes y religiosos y religiosas. Su cuerpo embalsamado fue velado
en la Catedral Basílica de Salvador, con misa de cuerpo presente,
oficiada por Su Eminencia el Cardenal da Silva, presentes el Gobernador
Balbino y otras autoridades; siendo conducido después en avión al Piauí,
siendo velado aún en las catedrales de Juazeiro, Petronila y en la
ciudad de Remanso. Desde allí fue conducido con inmenso acompañamiento,
96 km por camino carretero hasta San Raimundo Nonato (Piauí), donde le
aguardaba una inmensa multitud. Fue sepultado allí, en el corazón de la
Catedral el día 14 de aquel año.
Don Inocencio reunió en una sola pieza al gran religioso, el obispo, el
profesor, el padre, el amigo, el maestro, el fundador, el promotor
social y, con todo, el santo.
En 1944, catorce años antes de su muerte, un periódico de Fortaleza lo
presentaba a sus lectores con estas palabras: "Tengo a la vista a una de
las mayores figuras del episcopado brasileño, que, a la par de una
existencia llena de virtudes, las más ..., y en sus días, un ejemplo de
capacidad y de fortaleza en todo lo que toca de cerca el esplendor de la
Iglesia ... Su Excelencia ha llevado una vida de austeridad que edifica
al más extraño observador. Un ejemplo de desprendimiento, dedicación,
sacrificio y amor a las almas... Los periódicos no hablan de él, las
radios no tienen noción de su existencia. Vive escondido... contando
dificultades de las que pocos lectores podrían hacerse idea... Nosotros
solo tenemos que bendecir sus pasos por las respuesta que merecen todos
los héroes ocultos en la penumbra de la modestia y que Dios se encargará
de presentar un día revestidos con la túnica de la gloria eterna".
La Iglesia celebra su vida y su obra
Ahora, después de 50 años de su muerte, la devoción a su persona está
muy viva y presente en la cultura religiosa del pueblo que pide su
beatificación.
Nos alegra pensar que sean estos primeros pasos para exaltar su figura y
para el reconocimiento público de las virtudes heroicas de este
abnegado, humilde y ejemplar obispo misionero, que nació de una de las
familias más humildes de su pueblo, pero que se volvió un gigante de la
fe, de la que fue un verdadero y grandioso testigo.

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