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De ruta (transcripción del artículo)
En el
corazón de Las Loras se yergue altiva y legendaria Peña Amaya,
cuyos solitarios peñascos constituyen uno de los enclaves más
señalados dentro dela arqueología española.

Peña Amaya,
el poso de la historia
Contemplada desde la distancia, la lora de Peña Amaya semeja un
inmenso casco de navío varado entre los trigales de la llanura. A
pesar de que su relieve es el más llamativo y con mayor personalidad
de toda la comarca de Las Loras y que en su entorno habita una
variada comunidad de aves rapaces, la singularidad de Peña Amaya
radica en su denso e importante pasado histórico.
La
ocupación humana de Amaya se inicia hace unos 3.000 ·años, durante
la Edad del Bronce. Posteriormente una ciudad de la Cantabria
prerromana que acabó siendo conquistada por las legiones romanas.
Con el paso de los siglos se convirtió en capital -incluso llegó a
ser sede episcopal a finales del siglo VII- de uno de los ducados
visigodos.
Y
durante toda la Alta Edad Media fue un disputado baluarte entre
musulmanes y cristianos. De todo este pasado glorioso sólo quedan
unos pocos testimonios arqueológicos.
Justo al final de la pista de tierra que asciende desde el pueblo de
Amaya, y en un área de 1.200 por 200 metros, pueden reconocerse las
huellas de un importante núcleo de población. Un camino atraviesa
unos amontonamientos de piedras que recuerdan estructuras de casas y
calles antiguas. También se reconocen restos de varias murallas
concéntricas, algunas con más de tres metros de altura, que
protegían aquellos lugares en donde los enriscados peñascos no eran
suficientes.
Presidiendo todo este conjunto se alza la gran mole caliza conocida
como El Castillo: verdadera acrópolis natural en la que resistieron
los habitantes de Amaya los numerosos sitios que padeció su
disputada ciudad.

La Ulaña
Muy
cerca de la legendaria Peña Amaya, dominando el pueblo de Humada y
todo el alto valle del Odra, se alza la maciza y aislada mole caliza
de Peña Ulaña. Ejemplo antológico del sinclinal tipo lora, la Ulaña
esconde en sus entrañas un secreto muy bien guardado: es el mayor
castro prerromano de toda Europa. También es un paraíso para las
aves rapaces y un lugar ideal para practicar el senderismo.

Las Loras
En
el extremo noroccidental de la provincia de Burgos, a caballo entre
la Cordillera Cantábrica y la Cuenca Sedimentaria del Duero, se
localiza una singular comarca bautizada con el acertado nombre de
Las Loras, un llamativo relieve inverso a base de largas y estrechas
estructuras rocosas, conocidas como loras, caracteriza y otorga una
personalidad única al paisaje de la región.

El pórtico de Rebolledo de la Torre
La
galería de la Iglesia de Rebolledo de la Torre es una de las más
bellas y conseguidas de todo el románico español. Levantada en su
frente meridional, consta de diez arcos de perfecto medio punto y de
una gran puerta con arco ligeramente apuntado. La escultura que
decora los distintos elementos de la galería denota una alta calidad
y una gran maestría en su ejecución. Se trata de un arte maduro y
evolucionado que en algunos aspectos muestra ligeras influencias de
la escuela silense. En los capiteles se puede contemplar un
admirable repertorio iconográfico que abarca desde los clásicos
temas vegetales hasta las representaciones de seres monstruosos,
pasando por las luchas entre caballeros y las consabidas escenas
bíblicas. En el exterior de una magnífica ventana ajimezada se puede
leer un epígrafe con la fecha de la construcción del pórtico, año
1186, y con la firma de su genial autor: Juan de Piasca.


Pórtico de la iglesia de Rebolledo de la Torre














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